Si lo logramos ésta, será la tercera semana seguida que Marienbad ensaya desde que, en agosto, nos viéramos por última vez –musicalmente hablando, al menos- para tocar en la Semana Negra. Bueno, todavía nos falta Joaquín, que sigue por las Américas, pero ya no le queda nada. Cuando vuelva con su guitarra nueva, made in USA, me encontrará también a mí con guitarra nueva y media docena de nuevas canciones para ensayar.
Parece mentira que algo tan frívolo como un instrumento pueda catalizar las ganas, hasta ahora imprecisas y puramente abstractas, de volver a los trastes. Pero así es. Ignoro si existe un fenómeno comparable –esto es, la renovación del ímpetu creativo por mera interposición de un nuevo arsenal técnico- en otros ámbitos: no lo creo, desde luego, en la escritura literaria. Sólo imagino, quizá, la alternativa de volver a escribir en papel y de puño y letra después de un par de lustros haciéndolo a ordenador. Pero ni siquiera: menudo engorro, a estas alturas, ponerse luego a mecanografiar…
Sea como fuere, volveremos a las andadas. Aunque la cosa no dé más que para otro falso LP del falso sello “absurdo afán discos”, y un bolo para amigos en el Savoy. Precisamente este 2010 se cumplen, ya, cinco años de un proyecto que en su día pareció impensable: cantar en cristiano. De hecho, este fin de semana tuve la peregrina idea de conmemorarlo editando en
la web un recopilatorio de los muchos descartes que han quedado en el camino: los primeros, titubeantes esbozos, que aún cuelgan de
cierto myspace; otras maquetas laboriosamente terminadas, pero luego despreciadas por motivos que he olvidado; y también un buen puñado de canciones sin terminar, en permanente in progress, que remataría pronto y mal para la ocasión. En total, ayer listé una treintena. La cosa tiene hasta posible título (“Interior día”), subtítulo 1 (“descartes 2005-2010”) y subtítulo 2 (“versos desde el velux”). Puro coleccionismo, en el improbable caso de que existiera alguien interesado en semejantes fruslerías, y sobre todo ganas, por mi parte, de limpiar el disco duro y la libreta de letras antes de ponerse manos a la obra con el nuevo material. Aquí donde me ven, siempre he sido un maniático del orden y un fanático del punto y aparte. Yo mismo me he recopilado decenas de veces (hasta el punto de que ya no escribo poemas, sino antologías de viejos poemas) y, por lo visto, sigo sin poder sustraerme a este vicio tontorrón.
Como decíamos ayer, plantear no es sinónimo sino parónimo, por desgracia, de plantar. Veremos, pues, en qué queda. Entretanto, y ya que no son horas de distorsionar, entretengo el insomnio y fumo de más. Hasta mañana.