17 de ago. de 2013

El puente

Pensar que, a veces, a los seres humanos les convendría contar con un puente levadizo que, como en los viejos castillos de cuento, pudiera alzarse o no a capricho. Así nadie podría entrar sin nuestro permiso, y no podría hacernos daño nadie que no hubiéramos invitado nosotros a pasar (en cuyo caso, a última hora aún nos quedaría el consuelo de sabernos únicos culpables).


Pero, desde luego, nadie volvería a cogernos desprevenidos. 

26 de jul. de 2013

El hogar de la muerte



Durante toda la noche sueñas con un lugar llamado el Hogar de la Muerte. De algún modo queda asentado que no estás allí por propia voluntad, sino por una suerte de indiscutible imperativo legal (cierto que durante toda la noche una parte de tu cerebro no deja de advertir cuán novelesco es todo esto, y tal vez eres tú mismo quien -atravesando las brumas del sueño- logra dotarlo de esa atractiva cualidad distópica). El objeto del Hogar, como no podría ser de otra manera, es que los ciudadanos ejecuten su propia muerte. Vivís todos en una suerte de enorme hotel, y sabes -como se saben siempre las cosas en los sueños- que en algún rincón de tu cuarto, tal vez en la alacena del baño, hay un botecito con tres o cuatro píldoras que te aguardan. Entre tanto, los ciudadanos se dedican meticulosamente a diseñar su contribución al ala más terrorífica del Hogar: el Museo, un único pasillo de kilómetros a ambos lados del cual, en distintos departamentos y escaparates, puedes contemplar lo que otros antes de ti dejaron a modo de legado. En cierta sección te atienden y te muestran, por ejemplo, la grabación de una agonía atroz. En otros, disfrutas de diferentes obras, collages, manifiestos... (el recuerdo de su forma específica es muy vago) todos ellos elaborados por anteriores visitantes antes de abandonarse a las famosas pildoritas. El lugar, por cierto, está atestado de gente, y lo que más te desespera son... los niños, las decenas de niños que juegan por los rincones: te devanas los sesos preguntándote quién los ha traído y, sobre todo, por qué los han traído, por qué alguien (sus madres, sus padres) ha creído que lo mejor para todos ellos sería morir. Otro día, y para tu sorpresa, te encuentras con un viejo compañero de estudios. Se le ve contento, y lo interrogas. En efecto, le agrada estar en el Hogar de la Muerte. Inexplicablemente, a modo de despedida te suelta algo así: "por lo menos, no hay mucho pan de oro". Durante toda tu estancia has estado solo, pensando cuál será (y qué forma adoptará) tu legado, obligatorio, al Museo. Pero, de pronto, otro día también tu mujer está allí, sentada a tu lado en la habitación. Estáis charlando en un banco desde el cual se ve uno de los patios del Hogar; ofrecéis una impecable imagen de felicidad, hasta el punto de que alguien que pasa por el patio, al veros, os pide permiso para haceros una foto. Aceptáis, por supuesto, y posáis abrazados. Pero piensas, con una punzada de culpabilidad, que ese tipo está trabajando duramente en su legado (tal vez una compilación de fotografías) mientras tú sigues perdiendo el tiempo.

En otra ocasión, al pasar por casualidad por las cocinas del Hogar (todo el rato, allí, lo pasas deambulando), te estalla un nudo en la garganta al comprender que jamás, jamás, volverás a ver a tu madre, y que ni siquiera tienes permiso para llamarla y decirle qué está pasando.

Durante el sueño, que se prolonga toda la madrugada, nunca sales del Hogar de la Muerte. 












12 de feb. de 2013

La autopista


La situación es propia de una pesadilla. Circulas por una autopista con bastante tráfico, pero hace ya un buen rato que vienes observando el siguiente hecho: que tú siempre estás al final, en la cola de la serpiente metalizada que se prolonga hacia la línea del horizonte bajo un atardecer carente de todo dramatismo. Dicho de otro modo: por más que aceleres, o bosquejes variaciones rítmicas en la caja de cambios, los otros conductores no hacen más que adelantarte uno tras otro, uno tras otro. No resulta gravoso que lo hagan aquellos que conducen modelos de evidente potencia o prestigiosas marcas, pero cuesta creer que hasta el utilitario más mezquino de los cientos que se han dado cita en la autopista -por cierto que no hay razón aparente para tanto tráfico un día como hoy- sea capaz de sobrepasarte sin esfuerzo alguno, y muy a pesar de tus vanos intentos por evitarlo. Siempre has confiado en tus dotes automovilísticas, te consideras un usuario prudente pero con cierta garra y recursos sobrados para distinguirte llegado el caso. Por otra parte, tu coche ni es nuevo ni luce el logotipo de una de esas marcas generalmente asociadas con una rabia casi animal, pero jamás te ha dejado en la estacada y siempre has confiado en su versatilidad. Sin embargo, ahí sigues, en la cola, una y otra vez -una y otra vez- rebasado por los demás, inexplicablemente condenado a contemplar cómo el resto del universo se dirige sin traba ni lastre hacia su destino (cada vez que te adelantan tienes tiempo de apreciar sus sonrisas, ver cómo charlan con sus acompañantes, fuman satisfechos con el brazo apoyado en la ventanilla o sintonizan algún programa en la radio) mientras tú trastabillas y coceas como si estuvieras sufriendo un ataque de tos metafísica. 

Y así es.













19 de dic. de 2012

Contribución a una (ego)bibliografía del fin del mundo




1. LA FIESTA DEL FIN DEL MUNDO (2006)





2. APOCALIPSIS POP (2009)


La fiesta de fin del mundo nos imagino
bailando hasta el amanecer,
víctimas felices de esa extraña euforia
que es antesala inequívoca de la muerte.
Y allí, entre codazos y otra ronda,
bajo el espejo roto de las bolas de cristal
y al ritmo del mejor funky,
diremos adiós a todo y a todos,
mientras el cielo empieza a estallar
en los más bellos juegos de artificio.

3. UN ENLACE (2010) 


Un enlace a una página cuyo código HTML contiene la instrucción –generada aleatoriamente, claro está- de que, cuando alguien teclee al registrarse por vez primera (pongamos que un supuesto foro, una supuesta página de descargas) la misma secuencia de números y letras que tú siempre usas como contraseña, una pequeña lucecita roja se encienda en un remoto silo nuclear, indicando el comienzo irreversible de la cuenta atrás.

4. LA NUBE (2011)

Llegó la nube, pero nadie lo advirtió. Los aviones siguieron aterrizando, ningún vehículo se detuvo en medio de la carretera y ni un solo electrodoméstico cejó en sus rutinas. Los perros siguieron defecando educadamente en los jardines, y sus dueños siguieron recogiendo educadamente sus defecaciones en pequeñas bolsitas de plástico guardadas a tal efecto en el abrigo. Ningún servidor se colapsó, ninguna red se bloqueó, ningún mercado financiero se derrumbó. Las viudas siguieron comprando la barra de pan al precio habitual, los fumadores se reunieron a las puertas de las cafeterías con el gesto taciturno de siempre, las cuerdas de los violines perseveraron en su afinación. Ni una sola grieta nueva se abrió en los edificios, ni un solo suicida aludió al acontecimiento en sus notas de despedida. Ningún registro llamó la atención de sismógrafos, cosmonautas, poetas.
Al fin y al cabo, el apocalipsis cayó de lunes y nadie —que se sepa— hizo puente. Al día siguiente hubo que madrugar de nuevo.


5. LA NUBE (2011)




6. EL ÚLTIMO (2012)



1.
El último hombre sobre la tierra está sentado a solas en una habitación y, cosas de la vida, se le ha dormido una pierna.

2.
El último hombre sobre la tierra está sentado a solas en una habitación escribiendo un cuentecillo sobre el último hombre sobre la tierra, que está sentado a solas en una habitación cuando llaman a la puerta. No se le ocurre cómo seguir y, para colmo, al regresar a la realidad paladea el amargor característico que dejan tras de sí las ficciones demasiado halagüeñas.

3.
El último hombre sobre la tierra está sentado a solas en una habitación, y ―obvio destino― decide masturbarse.

4.
El último hombre sobre la tierra está sentado a solas en una habitación, pero la fuerza de la costumbre es tal que, aun así, se pone a estudiar su amarillento temario de oposiciones.

5.
El último hombre sobre la tierra está sentado a solas en una habitación repasando mentalmente la abundante filmografía del doble.

6.
El último hombre sobre la tierra está sentado a solas en una habitación, forcejeando en vano con las esposas que ella (para un día que se pone juguetona…) no tuvo tiempo de soltar.

7.
El último hombre sobre la tierra está sentado a solas en una habitación escribiendo la última línea de la última página de su obra maestra, al término de la cual ―ignorante de todo y de todos― no duda en rubricar, con gesto satisfecho, la palabra fin.

8.
El último hombre sobre la tierra está sentado a solas en una habitación, mascullando una asqueada despedida al mundo que tanto ha odiado mientras introduce el cañón del revólver en la boca. El muy desgraciado no ha visto hoy las noticias.

9.
El último hombre sobre la tierra está sentado a solas en una habitación insonorizada de un estudio de grabación, registrando los cadenciosos acordes de la canción que ―en otras circunstancias― habría de haberse convertido en un hit mundial.  

10.
El último hombre sobre la tierra está sentado a solas en una habitación, pero todavía vacila un instante y mira de reojo a ambos lados antes de expulsar un sonoro pedo.

11.
El último hombre sobre la tierra está sentado a solas en una habitación tuiteando ferozmente sus impresiones al respecto.

12.
El último hombre sobre la tierra está sentado a solas en una habitación hablando consigo mismo del frío que ha hecho esta semana.

13.
El último hombre sobre la tierra está sentado a solas en una habitación haciendo sudokus.

14.
El último hombre sobre la tierra está sentado a solas en una habitación, y decide que éste es un momento tan bueno como cualquier otro para dejar de fumar.

15.
El último hombre sobre la tierra está sentado a solas en una habitación revisando la cartilla del banco.




16.
El último hombre sobre la tierra está sentado a solas en una habitación escuchando el melancólico goteo de un grifo mal cerrado.

17.
El último hombre sobre la tierra está sentado a solas en una habitación buscando caras en las grietas que corretean por las paredes.

18.
El último hombre sobre la tierra está sentado a solas en una habitación valorando la posibilidad de darle una manita de pintura al piso.

19.
El último hombre sobre la tierra está sentado a solas en una habitación y se consuela elaborando un exhaustivo catálogo de anécdotas relativas a su inveterada, casi misantrópica, timidez.

20.
El último hombre sobre la tierra está sentado a solas en una habitación estudiando inglés.

21.
El último hombre sobre la tierra está sentado a solas en una habitación escribiendo una documentada tesis sobre el autor del Lazarillo.

22.
El último hombre sobre la tierra está sentado a solas en una habitación haciendo la lista de la compra (que luego dejará adherida con un imán a la nevera hasta que se anime a desvalijar otro Mercadona abandonado). 

23.
El último hombre sobre la tierra está sentado a solas en una habitación tachando palabras repentinamente inútiles del diccionario. En la letra P, por ejemplo, se ha ensañado con padre, pan, paro, pésame, peaje, pregón, premio, prestigio, picapleitos, picnic, pijo, pitonisa, poeta, policía, poligamia, política, porfía, posteridad, postrimería, prima, prisa, profeta…En cambio dudó ―sigue dudando― con otras como pedantepenapolizónpaz.

24.
El último hombre sobre la tierra está sentado a solas en una habitación acosado por un feroz, inane y sobre todo incomunicable ataque de hipocondría.

25.
El último hombre sobre la tierra está sentado a solas en una habitación y a veces, en cambio, le entra un terrorífico ataque de risa a resultas del cual se le saltan las lágrimas y le sofoca una tos muy fea.

26.
El último hombre sobre la tierra está sentado a solas en una habitación de un séptimo piso de un céntrico edificio en el cual ―como en el resto del orbe, claro― se ha ido la luz y por tanto no funciona el ascensor. Como embocar la silla de ruedas por el hueco de la escalera no es una opción, ha empezado a considerar muy seriamente la posibilidad de la ventana.

27.
El último hombre sobre la tierra está sentado a solas en una habitación y añora los cambiantes estados de ánimo que siempre le proporcionaron los transportes públicos.

28.
El último hombre sobre la tierra está sentado a solas en una habitación considerando que algo hay de erróneo u obsceno en el hecho de que el último hombre sobre la tierra pase sus últimas horas en una habitación decorada exclusivamente con muebles de IKEA.

29.
El último hombre sobre la tierra está sentado a solas en una habitación pensando en las lentejas de su madre.

30.
El último hombre sobre la tierra está sentado a solas en una habitación pensando en la risa extinta de los niños.

31.
El último hombre sobre la tierra está sentado a solas en una habitación hojeando muy empáticamente un libro infantil sobre dinosaurios.

32.
El último hombre sobre la tierra está sentado a solas en una habitación, muerto justo un segundo antes de que Dios (que es un ente muy impuntual) haga su entrada en escena, vestido de toga y mazo en mano, dispuesto a abrir la sesión.

33.
El último hombre sobre la tierra está sentado a solas en una habitación, y advierte que que aun así ―curioso― sigue en paro.

34.
El último hombre sobre la tierra está sentado a solas en una habitación rumiando una célebre cita de Lampedusa según la cual hay que cambiarlo todo para que nada cambie.

35.
El último hombre sobre la tierra está sentado a solas en una habitación que sigue rigurosamente los preceptos zen sobre equilibrio, armonía, orden y orientación.

30 de nov. de 2012

Aventuras en bandcamp


Aunque parezca mentira, todavía recibo de vez en cuando visitas en este blog redirigidas desde algún buscador (vaya, desde Google) en el que se han tecleado los términos Tommy Crimes. La discografía oficial de esos muchachos noventeros está colgada aquí mismo hace ya tiempo, en formato de carpetas compartidas, pero es cierto que para escucharlos en streaming había que hurgar en GoEar (¿alguien entra todavía en GoEar?) o en un apestoso myspace (¿pero alguien entra todavía en Myspace?) que siempre se quedó a medias. Por eso, y aprovechando un parón natural en mis afanes, semanas atrás creé y alimenté hasta dejarlo bien cargadito un nuevo rincón en bandcamp, o para ser exactos un rincón doble; por un lado, tommycrimes.bandcamp.com recoge la discografía "oficial" del grupo, a saber, todo aquello que se grabó en estudios más o menos profesionales y se editó en algún formato igualmente profesional (fueran vinilos, cd singles, recopilatorios...) entre los años 1994 y 1998.




Por otro lado, tommycrimes2.bandcamp.com está destinado a la ingente discografía "oficiosa" de aquellos chavales atolondradamente prolíficos, que cambiaban de repertorio cada dos por tres y dejaron tras de sí un  estrafalario reguero de canciones jamás publicadas y grabadas -cuando lo fueron- de cualquier manera en un cuatro pistas o un PC del pleistoceno con técnicas veterotestamentarias. En este caso, el arco cronológico se extiende mucho más allá de la fecha de aparente disolución del grupo (1999), porque en realidad nunca se levantó acta de tal disolución y técnicamente, por decirlo así, ha seguido (¿o sigue?) en activo-pasivo desde entonces. TommyCrimes2 no está, ni mucho menos, concluso, y es probable que jamás lo esté. Hay cosas que apetece reencontrar, como por ejemplo aquella GATO (Grabación A Traición Organizada) que hicimos en los estudios de Radio Nacional para el "Disco Grande" de Julio Ruiz (1995?), otra cosa es dar con ellas. Ya veremos.




Para rematar, creo que nunca había explicado aquí -y para qué demonios tengo yo este blog si no es para explicar y colgar aquí toda esta morralla y quedarme tan tranquilo- quién o qué es Septiembre Nort. La explicación más sencilla que se me ocurre es que se trata de un hijo bastardo, precisamente, de los dichosos Tommys. Lo cierto es que nunca he dejado de farfullar canciones en inglés (o en guachu, depende), pero creo que, bien entrado el siglo XXI, ya no venía a cuento seguir endilgándoselas a los Crímenes de Toño. Por eso este verano, en unas vacaciones de Marienbad tras nuestro viaje cenital, me inventé un grupo nuevo, uno más, le di el nombre de un personaje de Guareschi, escaneé un bonito grabado de mi señora madre Mª José Tarque, y me puse a grabar canciones algunas novedosísimas, otras viejisísimas.  Mi idea era alcanzar el número mágico de once o doce y llamar a todo esto "disco" (llamar a las cosas suele tener efectos ansiolíticos), pero de momento no he pasado de las nueve que fui colgando y ahí están, las pobres, olvidadas de la mano de Dios y del hombre:


18 de oct. de 2012

El último (III)


Ya tenemos posibles portadas para el proyecto ¿colectivo? #ElÚltimo. Son de un tal Kafka, un muchacho que al parecer también escribe. Igual lo invitamos a participar. Dicen así:



Por otro lado, la fiebre postrimera sigue extendiéndose. Además de los urdidos por el joven Nico Rodil en su propio blog, carentes de "habitación" pero sobrados de talento, hay que saludar también los primeros pinitos de Javier Roma, a la sazón hipotético prologuista del volumen. Cuando nos conceda permiso para extractarlos de su Facebook, los daremos a conocer al gran público. Permanezcan atentos a sus pantallas.


17 de oct. de 2012

El último (II)



16.
El último hombre sobre la tierra está sentado a solas en una habitación escuchando el melancólico goteo de un grifo mal cerrado.

17.
El último hombre sobre la tierra está sentado a solas en una habitación buscando caras en las grietas que corretean por las paredes.

18.
El último hombre sobre la tierra está sentado a solas en una habitación valorando la posibilidad de darle una manita de pintura al piso.

19.
El último hombre sobre la tierra está sentado a solas en una habitación y se consuela elaborando un exhaustivo catálogo de anécdotas relativas a su inveterada, casi misantrópica, timidez.

20.
El último hombre sobre la tierra está sentado a solas en una habitación estudiando inglés.

21.
El último hombre sobre la tierra está sentado a solas en una habitación escribiendo una documentada tesis sobre el autor del Lazarillo.

22.
El último hombre sobre la tierra está sentado a solas en una habitación haciendo la lista de la compra (que luego dejará adherida con un imán a la nevera hasta que se anime a desvalijar otro Mercadona abandonado). 

23.
El último hombre sobre la tierra está sentado a solas en una habitación tachando palabras repentinamente inútiles del diccionario. En la letra P, por ejemplo, se ha ensañado con padre, pan, paro, pésame, peaje, pregón, premio, prestigio, picapleitos, picnic, pijo, pitonisa, poeta, policía, poligamia, política, porfía, posteridad, postrimería, prima, prisa, profeta… En cambio dudó ―sigue dudando― con otras como pedante, pena, polizón o paz.

24.
El último hombre sobre la tierra está sentado a solas en una habitación acosado por un feroz, inane y sobre todo incomunicable ataque de hipocondría.

25.
El último hombre sobre la tierra está sentado a solas en una habitación y a veces, en cambio, le entra un terrorífico ataque de risa a resultas del cual se le saltan las lágrimas y le sofoca una tos muy fea.

26.
El último hombre sobre la tierra está sentado a solas en una habitación de un séptimo piso de un céntrico edificio en el cual ―como en el resto del orbe, claro― se ha ido la luz y por tanto no funciona el ascensor. Como embocar la silla de ruedas por el hueco de la escalera no es una opción, ha empezado a considerar muy seriamente la posibilidad de la ventana.

27.
El último hombre sobre la tierra está sentado a solas en una habitación y añora los cambiantes estados de ánimo que siempre le proporcionaron los transportes públicos.

28.
El último hombre sobre la tierra está sentado a solas en una habitación considerando que algo hay de erróneo u obsceno en el hecho de que el último hombre sobre la tierra pase sus últimas horas en una habitación decorada exclusivamente con muebles de IKEA.

29.
El último hombre sobre la tierra está sentado a solas en una habitación pensando en las lentejas de su madre.

30.
El último hombre sobre la tierra está sentado a solas en una habitación pensando en la risa extinta de los niños.

31.
El último hombre sobre la tierra está sentado a solas en una habitación hojeando muy empáticamente un libro infantil sobre dinosaurios.

32.
El último hombre sobre la tierra está sentado a solas en una habitación, muerto justo un segundo antes de que Dios (que es un ente muy impuntual) haga su entrada en escena, vestido de toga y mazo en mano, dispuesto a abrir la sesión.

33.
El último hombre sobre la tierra está sentado a solas en una habitación, y advierte que que aun así ―curioso― sigue en paro.

34.
El último hombre sobre la tierra está sentado a solas en una habitación rumiando una célebre cita de Lampedusa según la cual hay que cambiarlo todo para que nada cambie.

35.
El último hombre sobre la tierra está sentado a solas en una habitación que sigue rigurosamente los preceptos zen sobre equilibrio, armonía, orden y orientación.