23 nov 2008

Escaparate

Después de que el viernes me viera no diré que obligado, pero sí comprometido, a participar en una fiesta literaria a la que acudí más o menos gustosamente (el más lo pone la gente de la organización, el menos exclusivamente yo mismo y mi natural tendencia a culebrear y zafarme en lo posible de cierta clase de exposiciones públicas) me tomo la revancha con un largo fin de semana eremítico y afanoso a partes iguales (lo de siempre: abriendo carpeta tras carpeta, nunca cerrando alguna, pero pasándolo estupendo entremedias), y, para agotar las últimas horas dominicales, no se me ocurre nada mejor que ponerme a trastear con el formato y contenidos del propio blog, acrecentando su función escaparate con nuevos o renovados vínculos a mis prescindibles quehaceres.
Aunque tenga excusa (sólo quería hacer sitio para los nuevos vínculos de Marienbad, ahora que hemos aprendido a lanzar discos inexistentes), no se me oculta la evidentísima paradoja que late de fondo: mientras que, en persona, a veces preferiría renegar de presentarme como el responsable de según qué cosas (desde luego nunca seré yo quien me señale como escritor, como músico, como crítico literario... por citar etiquetas que, para mi relativo bochorno, a veces se me han destinado: a mí, que soy un simple remendón), luego resulta que no tengo empacho en ponerlo aquí todo a la vista, bien alto y bien claro, para que cualquier navegante ocioso sepa bien con quién se las está viendo, nada menos...
Recuerdo que, al principio, este blog era incluso anónimo, y mi nombre y apellidos no aparecieron en él hasta que el jefe me pidió permiso para vincularme en el suyo haciendo mención expresa a tales datos. A partir de ese momento, como es lógico, me pareció una estupidez no hacer yo lo propio. Pero de entonces a hoy mismo, la cosa se ha agravado visiblemente con estas exhaustivas referencias a mis dispersas obras completas... De las que, es evidente, no reniego en la intimidad de mi disco duro o en el mínimo espectáculo de este cuaderno abierto.
Ahí quedan, pues. A ver si las vamos engordando, con un poco de suerte y paciencia. Entre tanto, me queda la pequeña venganza de seguir utilizando, para clasificar este artículo (y tantos que vendrán), esa etiqueta que concebí un día que estaba realmente inspirado.

No hay comentarios: