22 ene 2011

El sapo de Rubens

Teoría y práctica del reciclaje: cójase un poema fallido del año 2002, y una melodía fallida del año 2000, y fúndanse en un nuevo tema grabado con métodos exclusivamente autárquicos en 2011. El resultado, una curiosa operación de nostalgia revival, acrecentada por el tiempo y la distancia.

El catálogo de mis obsesiones no es sólo finito. Es diminuto.

(descargas, aquí)


* * *


EL SAPO DE RUBENS (2002)

Tú la mujer rubia eran las nubes que siguen corriendo delante de mis
tus sus nuestros vuestros sus rostros. Qué diablos.
Julio Cortázar,
Las babas del diablo


Recuerdo haber comido contigo en la terraza
(en pleno invierno de Amberes)
de un restaurante llamado L´opera buffe
(Arme Duivelstraat 6 –2000 Antwerpen
tel. 03/226 64 13 –Fax. 03/232 79 13
…no es que lo recuerde, es que me dieron —¿recuerdas?—
un mechero amarillo de publicidad con la cuenta que,
por cierto, aún enciende)
cerca de un teatro en uno de cuyos rosetones honoríficos
se lee, bajo un busto cariacontecido,
Lopez de Vega (palabra; hasta le hicimos una foto),
y no demasiado lejos de la casa natal de Rubens
al lado de la cual, por inverosímil que parezca,
oímos a un sapo croar
—no sé si en flamenco, en francés, o simplemente en belga—
y sé que dormimos juntos aquella noche, fíjate qué cosas,
en las enormes camas de un hotel Columbus
que tenía piscina cubierta, aunque no llegamos a atrevernos
a bajar en ropa interior
(a quién se le hubiera ocurrido volar a Bélgica
con el bikini en la maleta, en pleno invierno),
y sé que aquella semana descubrimos que Brujas
nada tiene que ver con verrugas, escobas y hechizos mágicos
sino más bien con puentes —Bruggen, si no recuerdo mal—
y sé que volvimos a oír al sapo,
por increíble que pueda parecer,
paseando por Rotterdam a la mañana siguiente
(esta vez en holandés, se entiende)
y sé que nos reímos del asunto —porque su gracia la tiene, vaya que sí—
y sé que cerca del centro de esa ciudad alguien filmaba en videocámara
—yo lo vi, muy a lo lejos—
y sé que tú y yo estábamos en cuadro
y sé que entonces, algún día, alguien llamado ―por ejemplo―
Guiso Van der Broeck
dará al play en una cinta, y tú y yo
(Blow-up imprevisto)
apareceremos así como por arte de magia
—como por hechizo de bruja malvada—
jugando a la rayuela por las calles de una ciudad
apenas entrevista bajo el sol de noviembre.

Sé que fue así, y sé que, entonces,
eso basta.


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