Con motivo del inminente lanzamiento de Cenital, hemos puesto en marcha un bandcamp de Marienbad donde puede escucharse en streaming o descargarse todo el material previo de la banda, así como consultar letras, gráficas... Y, para celebrarlo, publicamos un EP de adelanto que incluye la versión final de "+lejos +rápido", la versión descartada de "Wakefield", y la versión original de "Nunca te", que apareció en Vidas paralelas (esto último es una pequeña venganza personal, porque esa versión "oficial" nunca me gustó tanto como su maqueta, pese a las obvias diferencias técnicas del registro de ambos temas: la segunda en estudio pro y la primera cuando aún no tenía ni un solo micro decente).
A cuenta de todo esto, ayer reflexionaba con J. sobre las tiranías de la vida digital. ¿Hasta qué punto resulta ético que uno se haga eco de sus afanes por los diversos canales con que cuenta? Quiero decir: este mismo blog, Facebook, Twitter... Por un lado, es obvio el objetivo: poner a disposición de su hipotética audiencia aquello en que se invirtió tiempo e ilusión. Pero, por otro lado, el efecto final bien puede ser el contrario, a saber: parecer/resultar un plasta de cuidado. Cada vez que posteo algo en este sentido no puedo evitar sentirme incómodo: me apetece pedir perdón de antemano por cansino, curarme en salud de imaginarios reproches. Y lo digo a sabiendas de que un día de estos colgaremos el primer videoclip del disco, y otro día de estos el propio disco (tal vez incluso otro Ep...), por el camino habrá que saludar la nueva web marienbad.es, luego anunciaremos un concierto, acaso otro... Quien avisa no traiciona, sí, pero igual aburre a las piedras.
En cualquier caso, disculpen las molestias. Lo dicho: tiempo y, sobre todo, ilusión. ¿Quién está libre de ella?

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