tommy crimes: info

Creo que Charlie (Carlos Pidal) y yo quisimos tener un grupo desde los tiempos en que fatigábamos a lomos de la BH el camino de casa al cole, y compartíamos allí pupitre. Algunas guitarras españolas más tarde, y gracias a una maqueta de dos pistas (vaya, lo que se podía grabar con la doble pletina de una cadena de entonces), obtuvimos una “Ayuda para la creación musical” del Taller de Músicos del Ayuntamiento de Gijón. Corría el verano de 1994, y por aquel entonces hacía tiempo que en un bar muy cerca de casa, el Zero, habían empezado a programar conciertos de grupos locales de nombres y maneras insólitas: Cactus Jack, Screamin´ Pijas, un melancólico trío llamado Australian Blonde… De ahí que, cuando entramos en los bajos del Molinón (allí estaba el Taller de Músicos) y nos encontramos con un tal Paco Loco a los mandos de la mesa de mezclas, sabíamos muy bien dónde nos estábamos metiendo… en el corazón, por decirlo así, del llamado “Xixón Sound”.

Entremedias, Charlie había conocido a Seve, un tipo que estaba aprendiendo a tocar la batería, y de algún modo nos liamos con él y otros dos colegas suyos (Joaquín y… no recuerdo su nombre) en una formación cuyo mayor éxito fue una versión de Guns´n´Roses y cuyo mejor fruto fue el hecho de que, al disolverse poco después, nos permitiera heredar local, ampli de bajo y baterista de una tacada. Habían nacido, al fin, los Tommy crimes: pusimos un cartel de John Wayne en la puerta del local y empezamos a ensayar de inmediato nuestro primer concierto, la presentación oficial de la maqueta del Taller de Músicos que tuvo lugar en el teatro del Ateneo de La Calzada creo que en diciembre de ese 1994.

En realidad nunca hubiéramos ido más lejos si Seve, alentado por una febril convicción, no se hubiera tomado el asunto tan a pecho como lo hizo. Seve conocía de vista a Roberto Nicieza, de aquella batería de Australian Blonde, y de hecho eran casi vecinos. Así que un día cogió la maqueta, se la guardó en el bolsillo y se apostó en la calle Electra dispuesto a hacerse el encontradizo. La sorpresa fue más nuestra que de nadie cuando, cumplido el abordaje, Roberto reconoció inmediatamente al grupo cuya cinta le tendía Seve: al parecer, habían escuchado esa maqueta en los estudios ODDS de Paco poco antes...

A partir de ahí las cosas se precipitaron: la maqueta, vía Roberto –y tras un par de sesiones de trabajo aderezadas con los tacos de La Frontera-, llegó a Madrid, a Carlos Subterfuge, y un día nos vimos firmando un contrato para editar un EP con el sello quizá más importante de la escena indie del momento, cuya grabación (que incluyó traiciones de las que aún me arrepiento) estuvo de nuevo en manos de Paco. Recuerdo perfectamente la primera vez que nos oí en Radio 3: pensé que, por error, había puesto la cinta, y no comprendí lo que estaba pasando hasta que la voz de Julio Ruiz apareció glosando el grupo y sus circunstancias. Puestos a exagerar, dimos nuestro segundo bolo teloneando a Australian Blonde (a los Australian Blonde del Chup chup e Historias del Kronen, oiga) en la mítica sala Revólver, ante casi mil personas, en marzo de 1995.

Es un hecho que la “carrera” de Tommy crimes no conoció, desde aquel momento, otra forma que la lenta curva del declive: o dicho de otro modo, nunca volvimos a estar tan a punto de lograr hacernos un rinconcito en el indie nacional como aquel trimestre que terminó, con el tiempo, resultándonos incluso odioso (cosa de las ilusiones perdidas). Tampoco es de extrañar: no éramos un gran grupo, a nadie le resultamos demasiado originales, y ni siquiera caíamos muy bien (por ejemplo a los Subterfuge), de sosos y retraídos que debíamos ser. Pero por nosotros no quedó: tocamos en todos los bares imaginables de la región, a veces por la cara bonita, a veces en tarifa reducida, a veces confusamente valorados (“mi grupo favorito es Iron Maiden y luego vosotros”, oímos una vez; “¿tenéis algo de Dire Straits en el repertorio?”, nos preguntaron otra), a veces flagrantemente despreciados (como aquel día en Pravia en que la audiencia permaneció abstraída en un partido de rugby durante todo el show sin concedernos un mísero aplauso); tuvimos también la suerte inestimable de, con veintipocos años, recorrer buena parte de la península en la mítica Fiat pandorino de Seve (una especie de papa móvil del pop), en ocasiones teloneando a gente tan interesante como The Posies, Pyramidiacs o Steve Wynn. Por el camino dejamos otro cd-ep, Queen of march, de 1996, y al fin el lp que hubiéramos debido sacar tres años atrás: Album, de 1998, de nuevo grabado con Paco y pagado a medias por Astro y los ahorrillos de Seve, amén de otras minucias como las colaboraciones en el Festival de Cine de Gijón o en la BSO de una película tan olvidadísima como olvidabilísima, Los corsarios del chip.
Nuestro penúltimo bolo, humillante como pocos (no estábamos anunciados, no querían dejarnos tocar, luego no nos querían pagar, y eso que llevamos el backline), fue un teloneo a Steve Wynn en Vigo, año –creo- 1999. Nunca firmamos el acta de defunción: yo seguí componiendo en clave Tommy crimes muchos años; a veces nos reuníamos en el local y elaborábamos complejos planes para conquistar el mundo; probamos otras combinaciones, incluida la de Seve al bajo; yo coqueteé incluso con ex mamy carters, pero no era lo mismo. En 2005, todavía nos pusimos el disfraz una última vez para telonear a Herbert, Klaus & the happy Amish, con Scattini al bajo y Charlie al teclado (¿?). Recuerdo que tocamos un repertorio compuesto, exclusivamente, en el siglo XXI. Y luego, un día, me puse a escribir en español. Eso fue todo. De momento.

fotos:
1-2, Estudio fotográfico de Luis Hevia, Oviedo, 1995.
3-4, Final Concurso Rock Universitario, Oviedo, 1995.
5, Sala Siroco, Madrid, 1998.
6-7, Stone Park, Gijón, 2005.