
La semana pasada leí en El país una entrevista a Carlos Ruiz Zafón en la que, todo hay que decirlo, el millonario novelista (en ejemplares, me refiero; allá él con su cuenta corriente…) se mostraba no poco soberbio con respecto a diversos asuntos relativos a la vida literaria en general y en particular. Pero antes de hilar con lo que me interesó de dicha entrevista, vamos con mi personal estado de la cuestión.
Lo primero que leí de Zafón, como casi todo bicho viviente, fue la archifamosa La sombra del viento; de aquella era yo profesor de escritura literaria y, supongo que por obligada deferencia hacia mis alumnos (todos ellos fervientes lectores de novedades), terminé cogiéndole a mi madre la edición del Círculo, harto de ver la novela en las librerías, harto de oír hablar de ella, harto de no entender qué demonios pasaba con ese tocho (algo así me había sucedido, poco antes, con el petardazo de El Código da Vinci, pero el hombre es el único animal que bla bla bla). Bastará con decir que me dejó absolutamente indiferente, y de hecho no guardo de ella recuerdo alguno que merezca el esfuerzo de una línea más.
Luego, de nuevo por obligaciones profesionales, he tenido que hojear también sus novelas juveniles, anterior al boom de La sombra… Me refiero a El príncipe de la niebla y El palacio de la medianoche, en concreto (disponibles ahora en lujosas ediciones de pasta dura y también en un volumen -junto con Marina, creo- titulado La trilogía de la niebla que se encuentra en cualquier Carrefour o Alcampo que se precie). Y debo decir que, además de suponer un éxito generalmente seguro a la hora de fijar lecturas obligatorias para los alumnos de primer ciclo de la ESO (12-14 años, más o menos), ambos libros son irreprochablemente dignos como lo que son, esto es, como novelas juveniles: me parecen -y les parecen- entretenidas, casi trepidantes, y además nada facilonas por lo que respecta a cuestiones de léxico o sintaxis, algo en lo que, demasiado a menudo, los autores del género suelen claudicar ostentosamente (el que lo probó lo sabe…). En otras palabras: no pienso, ni por ídem, caer en la trampa de El juego del ángel, pero mis respetos como profesional de la narrativa (como autor ya sería decir mucho) los tiene asegurados.
Ahora vamos con la entrevista: una de las declaraciones más llamativas y abiertamente polémicas de Zafón consistía en deplorar el actual estado de la narrativa literaria, argumentando que los verdaderos narradores talentosos hoy día ya no se dedican a escribir libros –qué locura- sino, en todo caso, a escribir películas o series de televisión. Pasando por alto la falacia brutal de la que parte semejante afirmación (que consiste en formular un inaceptable silogismo basado en una definición tan restrictiva como obtusa del concepto “narrativa literaria”, el cual, para Zafón, se limitaría a la “narrativa de acción e intriga literaria”, o sea, al thriller –o sea, a lo que él mismo practica-, excluyendo cualquier otra forma posible –y anda que no las hay-…), pasando por alto, decía, tal falacia, lo cierto es que al tipo no le falta razón; o al menos ayer no pude dejar de recordar y asentir la frasecilla cuando, después de los ochenta minutos más emocionantes de los últimos días, puse punto final a la última temporada de Perdidos…
Para quien no sea seguidor, fan o directamente friki (yo estoy en ello) de la serie, todo lo que pudiera decir de este punto y aparte en adelante tendría el mismo valor que una disquisición sobre las bondades de la épica francesa medieval. O sea, que le sonará igualmente a chino. Y, a quien lo sea y no haya terminado aún la temporada, tampoco puedo decirle una sola palabra más que a riesgo a estropearle definitivamente el gozoso placer de verla con el corazón en un puño hasta –literalmente- el último plano. Así que estoy listo. Andar con circunloquios no me apetece. Desmenuzar al detalle me llevaría horas, y ya tengo tesis doctoral (lástima); lo intenté hace no tanto en un curso sobre guión televisivo, y cuatro largas horas de clase apenas me dieron más que para plantear cuatro cuestiones básicas a mis sufridos espectadores. Los elegantes aciertos narrativos (basados, casi exclusivamente, en el despiece de la lógica temporal en múltiples direcciones) y los aún más elegantes abrochamientos de esos últimos ochenta minutos (dignos, efectivamente, de guionistas sobrados de talento) son para quitar el resuello, y de paso quitarse el sombrero. Así que, simplemente, concluyo: 1) no le faltaba razón a Zafón (toma cacofonía); 2) me muero de ganas de ver la quinta, y la sexta, y veinte temporadas más, si siguen escribiéndolas así de bien. Todo un lujo.
Quien lo probó lo sabe…
2 comentarios:
Conoces la serie britanica, tambien tipo "cult" denominada SURVIVORS? Es apasionante. Me dieron ganas, al verla ultimamente (es una serie de los años 70 pero muy actual) de que se acabase el mundo para ser una superviviente.
La Sombra del Viento me pareció una novela malisima. Un Best Seller asqueroso. Me aburrí tanto al leer el libro ya que no puedo soportar un escritor que no para de hablar y hablar y que no deja espacio al silencio interior del lector. Pero vivimos en una sociedad que le teme al silencio por esto este tipo de novela gusta. Es como mirar una peli en la tele, una peli de acción una detrás de otra sin dejarte el tiempo de respirar, de reflexionar. Los Best Seller son espejitos de lo que somos. Pero yo, como lectora, no me veo en estos espejos.
Un saludo,
Hola, Lydia.
Tomo nota de la recomendación de "Survivors", que no conozco; gracias.
Y gracias también, por supuesto, por tus comentarios y lecturas del blog; espero que disculparás la falta de "retroalimentación" por mi parte, que en ningún caso significará desprecio o falta de atención, estaría bueno. Todo lo contrario; me parece que ya hablo bastante en la página principal como para seguir dando la lata por aquí... Es todo vuestro.
Pues eso, lo dicho. Gracias y un saludo.
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