Este verano se ha empeñado en salirme un poco revival. Primero empecé revisitando Twin Peaks, luego me empeñé varias noches en reconstruir mis placeres esquemáticos de infancia y juventud (de los Hollister al ZX Spectrum, madre mía), y ayer, para rematar, nos tragamos a la sobremesa (TCM mediante) la primera entrega de Regreso al futuro, otro clásico ochentero donde los haya. Y volví a reconocerme en no pocas escenas casi primordiales, como cuando Martin (Michael J. Fox) conecta el mega-amplificador que el chiflado de Doc tiene en su taller, gira el overdrive a tope, coge la púa, pega un guitarrazo… y sale disparado por los aires. (Al verla recordé, de paso, una vez que, estando en mi habitación tocando, Charlie y yo cogimos mi primer ampli de guitarra, lo apoyamos en el alfeizar de la ventana abierta (vivía en un cuarto piso) y, mientras él lo sostenía orientado hacia la calle, yo empecé a dar furibundos acordes con la distorsión al diez, para sorpresa de los desprevenidos viandantes e inmediato enfado de mis vecinos del tercero, que rápidamente se comunicaron con nosotros vía escoba (siempre la tenían a mano) y nos cortaron ipso facto el vacilón rockero).
La película pertenece por derecho propio a ese mini-género que es el cine de aventuras y entretenimiento parido en los ochenta por la factoría de Lucas, Spielberg y demás: verla es apetecer, de inmediato, los Indiana Jones, los Gremlims, aquellas maravillosas historias narradas con buen humor, mejor pulso, épicas bandas sonoras y guiones férreamente elaborados con la paciencia de un artesano del mimbre. Lástima que el adulto no pueda dejar de arrugar la nariz ante el final: cuando, después de su viaje al pasado, las interferencias de Martin en el continuo espacio-tiempo han provocado una metamorfosis radical de su vida presente, y entonces la familia cutre, deshecha y hortera del comienzo (un padre arrastrado, una madre gordinflona y alcohólica, unos hermanos deplorables...) aparecen convertidos en unos pijos de mucho cuidado, todos trajeados, que practican tenis antes de desayunar e irse a la oficina, y tienen aparcados delante del porche lujosos coches recién encerados.
A mí, que le voy a hacer, me caían mejor los desgraciados del principio.
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Mañana toca volver al curro. Ya estuvo bien, me dicen familiares y amigos. Seguro que tienen razón. Por si acaso, para huir de la depresión post-vacacional o del stress pre-laboral (tanto montan), me he pasado el domingo encerrado en el estudio dándole al REC. Como estoy de secano, no se me ha ocurrido nada mejor que traducir libremente esta canción de los Dinosaur, que siempre me ha gustado. El resultado, más que discutible, lo colgaré dentro de un rato en el rincón de los afanes musicales caseros.
2 comentarios:
Cierto, Regreso al Futuro es un peliculón mayúsculo!!!!! Por cierto, a ver si te animas a aparecer por el facebook. (está muy animado aquello)
abrazos!!!!!
Grande "Twin Peaks"...
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