
Esta tarde, en el buzón, me esperaba un artículo que un admirado colega ha tenido la gentileza de reenviarme (y cuya íntegra lectura puede hacerse por ejemplo aquí) en el cual el escritor mexicano Sergio Rodríguez González echa un vistazo a los finalistas del Tigre Juan para extraer un “atisbo” del panorama de la narrativa española actual.
Dejando a un lado el generoso pero inverosímil supuesto de que este afanoso forme parte o tenga lugar alguno o figure en la nómina posible de dicho panorama, me parece interesante compartir su sutil radiografía crítica de La falsa memoria, de la que ofrece una lectura con la que no pocas veces (las horas más bajas de su escritura, corrección, relectura, re-corrección…) he llegado a estar de acuerdo:
Por su parte, La falsa memoria elabora un excelente inicio que poco a poco se diluye ante la imposibilidad de darle al relato intimista una vuelta de tuerca convincente al tema de la muchacha muerta en cuanto se le conoce, que en manos de Javier Marías es una novela magistral con Mañana en la batalla piensa en mí (Alfaguara).
Otrosí: como respondí a ese correo, para qué nos vamos a engañar; no me habría importado que, en vez de La falsa…, me hubiera salido Mañana en la batalla piensa en mí, la verdad.
(Ya hablaré otro día de ese libro, quizá el único que he amado tanto como odiado).
Dejando a un lado el generoso pero inverosímil supuesto de que este afanoso forme parte o tenga lugar alguno o figure en la nómina posible de dicho panorama, me parece interesante compartir su sutil radiografía crítica de La falsa memoria, de la que ofrece una lectura con la que no pocas veces (las horas más bajas de su escritura, corrección, relectura, re-corrección…) he llegado a estar de acuerdo:
Por su parte, La falsa memoria elabora un excelente inicio que poco a poco se diluye ante la imposibilidad de darle al relato intimista una vuelta de tuerca convincente al tema de la muchacha muerta en cuanto se le conoce, que en manos de Javier Marías es una novela magistral con Mañana en la batalla piensa en mí (Alfaguara).
Otrosí: como respondí a ese correo, para qué nos vamos a engañar; no me habría importado que, en vez de La falsa…, me hubiera salido Mañana en la batalla piensa en mí, la verdad.
(Ya hablaré otro día de ese libro, quizá el único que he amado tanto como odiado).
3 comentarios:
marías genera esas cosas, ¿no?
(lo del odio, y demás, me refería)
Oye, pues a mí "La falsa memoria" me pareció una novela muy bien resuelta en esa vaguedad realidad-ficción que creas al final, y en ningún momento me recordó a "Mañana en la batalla piensa en mí" (una novela que adoro, como casi todas las de Marías), que -aunque parta de una situación parecida, que no igual- trata temas radicalmente distintos a los que abordas tú en tu novela. No lo sé, para gustos hay colores, pero no acabo de encontrarle sentido a la comparación...
Miguel: A mí la crítica me interesa porque refleja algo de lo que, como decía, yo mismo no he dejado de dudar en muchas ocasiones, a saber: si el final resultaría de algún modo "convincente" y, por tanto, digerible sin demasiado arrugamiento de nariz. Si te agradezco tu comentario es porque me das a entender que, como para algunos otros lectores, así ha sido felizmente en tu caso, aunque también me consta que ha habido otros más próximos al sentir de Rodríguez.
El sentido de la comparación con "Mañana..." supongo que no va más allá, como bien dices, de una parecida situación de partida. Y, cómo no, volvemos a coincidir (pero no sé si con Jenny...) en nuestra común adoración por casi todo Marías, a quien, si primero odié (fue una lectura "obligatoria" allá por tercero de carrera que me costó lo suyo digerir, al principio), sólo fue para amarlo aún más cuanto más lo leí.
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