
Dentro de nuestra modesta campaña promocional, a los marienbad se nos ocurrió el otro día que quizá fuera buena idea enrolarse en esto del facebook; y fue dicho y hecho: aprovechando una invitación de un antiguo alumno de unos talleres literarios, el domingo entré y creé una cuenta a nombre del grupo (luego descubrí, en el proceso, que ya lo había hecho con anterioridad, pero lo había olvidado por completo), busqué un par de amigos, les pedí su beneplácito, colgué una foto, y en otro rato suelto (esta misma mañana) entré de nuevo, colgué otra foto, y envié tres o cuatro solicitudes más a amigos de amigos que son, por lo menos, conocidos, a antiguos congéneres o colegas de estudios, etc.
Pero cuál no sería mi sorpresa cuando, hace un rato, volví a abrir el maldito chirimbolo y descubrí que, entre tanto, todas mis peticiones habían sido aceptadas y, en inesperada consecuencia, mi ventana de inicio se había actualizado con puntuales noticias de su frenética actividad virtual de estos últimos días: las cosas que han hecho, visto u oído, las cosas que les han molado, sus inminentes planes, vínculos, vídeos youtube, votos, diálogos a tres o cuatro bandas, hábitos domésticos… La cosa, a medida que la desenrollaba rueda del ratón mediante, no parecía tener fin, la verdad. Y me quedé, en una palabra, exhausto; y en dos, atónito y aturdido.
Tal parece (y lo dice, sin ánimo alguno de crítica, quien sostiene un myspace, un blog, un moroso fotolog… ¿me falta algo?) que a nosotros, los contemporáneos, nos ha entrado una rabiosa fiebre virtual que a cada día aumenta de temperatura y de la que no estoy ya muy seguro que vayamos a salir jamás con buen o mal pie. (Me ahorro, por ahora, una reflexión improvisada sobre la evolución del uso de la red desde los tiempos ya remotos de la ocultación, propia del nick o el chat -o el second life-, al actual exhibicionismo en primera del singular -uséase, con nombre y apellidos- propia del blog, el facebook, el fotolog; esto es, de la máscara al espejo, del alter ego al super-ego, de la vida paralela a la vida disgregada, de la aventura de la otredad a la narración de la singularidad...).
Pero cuál no sería mi sorpresa cuando, hace un rato, volví a abrir el maldito chirimbolo y descubrí que, entre tanto, todas mis peticiones habían sido aceptadas y, en inesperada consecuencia, mi ventana de inicio se había actualizado con puntuales noticias de su frenética actividad virtual de estos últimos días: las cosas que han hecho, visto u oído, las cosas que les han molado, sus inminentes planes, vínculos, vídeos youtube, votos, diálogos a tres o cuatro bandas, hábitos domésticos… La cosa, a medida que la desenrollaba rueda del ratón mediante, no parecía tener fin, la verdad. Y me quedé, en una palabra, exhausto; y en dos, atónito y aturdido.
Tal parece (y lo dice, sin ánimo alguno de crítica, quien sostiene un myspace, un blog, un moroso fotolog… ¿me falta algo?) que a nosotros, los contemporáneos, nos ha entrado una rabiosa fiebre virtual que a cada día aumenta de temperatura y de la que no estoy ya muy seguro que vayamos a salir jamás con buen o mal pie. (Me ahorro, por ahora, una reflexión improvisada sobre la evolución del uso de la red desde los tiempos ya remotos de la ocultación, propia del nick o el chat -o el second life-, al actual exhibicionismo en primera del singular -uséase, con nombre y apellidos- propia del blog, el facebook, el fotolog; esto es, de la máscara al espejo, del alter ego al super-ego, de la vida paralela a la vida disgregada, de la aventura de la otredad a la narración de la singularidad...).
De lo que no cabe duda es de que, de seguir así, y de merecer alguna, en el futuro nos acabaremos ganando con creces y a pulso esa típica apostilla tan del gusto de los historiadores de las mentalidades afines a la tautología: no eran (no éramos, dirán), sino "hombres de su tiempo".
Y ahora voy a presionar el botón “publicar entrada” para que este post lo reitere y ratifique: adelante.
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4 comentarios:
La única forma de conocer una época es hundirse en sus cloacas hasta que la mierda te llegue a las orejas. Estamos trabajando en ello.
Encontré tu blog por casualidad; regresaré con frecuencia y no por casualidad a partir de ahora.
¿Me permites incluir tu blog entre los links del mío?
Un saludo
No podría estar más de acuerdo, jefe.
Estranxeru: gracias por la visita; pásate cuando y cuanto quieras si es que algo hay por aquí de tu interés. Y, estaría bueno, adelante con el link.
Muchas gracias por tu permiso, Ismael, y por tu invitación.
Por mi parte, estaré muy agradecido si te pasas por el mío de vez en cuando...
Un saludo.
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