24 abr 2009

varia

1. El horror redux.

El querido y ocioso Amaba sigue al ataque. No contento con su pastiche visual del otro día, se ha animado a pasar a la escritura en movimiento, el muy cabrito. Ahora están de moda los libroclips, o como demonios se llamen, pero la verdad, no creo que nadie pueda contar con uno más coñero; ahí queda:



2. Marienbad en Les Noticies.

De nuevo gracias a Miguel Barrero, Marienbad ocupa página en la edición de hoy de Les Noticies. Un día dijo en su blog, sin razón, que me debía un par de cañas. Yo creo que, con esto, quedamos como mínimo "a pre" (que diría mi madre).


3. Habitación 101.

Y ya que descargo la cámara, no puedo evitar dejar constancia del horror fantástico que vivimos ayer en mi calle, más propio de un cuento del Bestiario de Cortázar que del mediodía gijonés.

Sobre las tres de la tarde, cuando caminaba por la acera soleada de la calle, un furioso zumbido llamó mi amodorrada atención. Alcé la vista, con curiosidad, y desde luego sin imaginar que me iba a encontrar, en lo alto, con un increíble enjambre de abejas que había invadido la ventana de un edificio vecino.

Subí pitando a casa, rezando por que las ventanas estuvieran cerradas. Desde el salón, la cosa daba verdadero terror. Tanto que llamamos a los bomberos, quienes aparecieron al poco e intentaron despegarlas con medios un tanto artesanos (a mamporrazos de papel de periódico, vaya). Ése momento fue dantesco: cuando empezaron a golpear el enjambre, los malditos bichos cayeron como a verdaderos racimos cuyo peso y consistencia apenas se aprecia en la foto (ya, me hace falta un teleobjetivo):



En un conocido pasaje de 1984 de Orwell, Winston -el protagonista- debe enfrentarse al fin a la habitación uno-cero-uno, una especie de sala de tortura cuya terrible fama consiste en el rumor de que, en ella, se encuentra “lo peor del mundo”. Ahora bien, como explica O´Brien, “lo peor del mundo […] varía de individuo a individuo. Puede ser que lo entierren vivo o morir quemado, o ahogado de muchas otras maneras. A veces se trata de una cosa sin importancia, que ni siquiera es mortal, pero que para el individuo es lo peor del mundo” .

En el caso de Winston, lo peor ―su más acérrimo y cruel miedo personal― son las ratas, ante cuya intolerable visión se derrumbará por completo. Por mi parte, siempre he dicho que en mi habitación 101 sólo me esperarían abejas. Muchas abejas. Cuantas se ven aquí, por ejemplo (sí, esos puntitos de nada no son un granulado photoshopero):


Qué miedo.

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