22 abr 2009

vuelve el narratólogo

No puedo evitar que me haga ilusión, ahora que casi la había perdido. Y es que esta mañana me ha llegado un correo confirmándome la publicación de mi tesis doctoral para el verano. Dado que me dieron la beca para hacerla en 2000, que la presenté en diciembre de 2003, y que remití la redacción final a la editorial en 2006 (ya, parece obstinadamente sujeta a la numerología trina, si al final sale en 2009) la noticia no es tanto que se edite, cosa que siempre supuse, como que lo vaya a hacer tras tanta espera, ahora que ya casi había logrado acostumbrarme a esa fantasmal y tristona línea en mi currículum (eso que nadie se cree nunca del todo: "en prensa") y que ya casi me había hecho a la idea, ante la falta de información, de que nunca verían la luz esas páginas, las más esforzadas que he escrito (y supongo que escribiré) en toda mi vida.

No me cabe duda de que su relectura, en cuanto me ponga a corregir las galeradas que al parecer llegarán a vuelta de correo de un momento a otro, me deparará más de una sonrisa, no bien asome (no tardará ni un párrafo) la ingenuidad y el atrevimiento de ese veinteañero imberbe capaz de pontificar sobre todo lo habido y por haber, y culpable de la desfachatez de considerarse a sí mismo como el necesario redentor de la narratología contemporánea. Hoy quedan lejos, muy lejos, aquellos afanes, y demasiadas cosas han sucedido entremedias como para poder soñar con recuperar, aunque fuera un instante, el iluminado arrebato (si no febril éxtasis) a cuyo dictado se soñaron, se fumaron, se escribieron.

Espero en todo caso que sigan conservando, eso sí, el aire de monumental proeza que por aquel entonces, y aun luego en las ocasiones en que he vuelto a asomarme a ellas (todavía ayer, sin sospechar nada, para consultarme mi opinión de antaño sobre cierto barullo semiótico), parecían poseer: una suerte de hálito feliz, el mismo que deberá emanar del barro bien torneado y cocido, o del ladrillo alineado y cimentado pacientemente, para su satisfecho artesano, aun cuando sepa de la mediocridad ulterior que amenaza el destino de tales piezas. A veces les digo a mis alumnos que todo, en esta vida, hay que intentar (al menos intentar) hacerlo bien. Sea un café con leche, les digo, o atarse los zapatos, insisto, o un examen de lengua, remato (ante su sonrisa, claro). Hacer las cosas bien por el puro y exacto placer de la dignidad. Como buen maestro, yo no siempre acato mis propios consejos,y me contradigo con frecuencia. Pero sé (estoy convencido) que aquello lo hice bien. Muy bien, incluso. Mucho mejor de lo que mi trayectoria académica anterior, o mi sutil pereza congénita (por poner dos), permitían suponer.

Y si me hace ilusión (queda claro que no puedo evitarlo) también es, en gran medida, porque sé que no sólo yo asistiré a este pequeño acontecimiento como si de un triunfo personal se tratara. Sé por ejemplo que Magdalena Cueto, mater científica del asunto, será feliz al verlo. Y que podré con ello, aun mínimamente, devolverle algo de su generosa entrega vital e intelectual, quizá la más sorprendente y sincera que he conocido más allá de los límites familiares. Sé también que a R. le parecerá de justicia que ambas tesis, la suya y la mía, paridas al unísono en el mismo despacho del Milán (y lo más parecido a un hijo -bueno, serían gemelos- que hemos tenido nunca, dados los desvelos, las preocupaciones, las alegrías que nos han dado), descansen finalmente juntas en la estantería. E imagino que a Carmen Bobes, abuela científica de ambos (aunque nunca celé que R. fuera su nieta preferida), tampoco le desagradará que se ponga de largo una de las últimas tesis que inspiró, primero, y presidió, después, aquel invierno de nuestro contento. Y sé o espero, por último, que unos pocos frikis como el escoliasta o el delirante hasta harán el esfuerzo de tragarse alguna de sus páginas, llevados del común interés por la pedantesca vuelta de tuerca (diría alguno) que unos y otros compartimos.

Así que sí, es una gran noticia. Que no me fastidien ahora.

4 comentarios:

Roberto Amaba dijo...

EL HORROR, EL HORROR.

Ismael Piñera Tarque dijo...

¡Juina! vaya ánimos, je je.

Roberto Amaba dijo...

Véase

Javier R. dijo...

Ya te he dicho que aguardo con expectación la publicación. El atisbo de refilón que le he prodigado hoy me ha puesto los dientes largos: los mundo posibles e imposibles de la ficción seguro que encuentran en ti no sé si a un redentor, pero sí que seguro a un sutil, inteligente y, por lo que he podido ver, titánico desentrañador. Un abrazo.