Estaba tumbado en la toalla, boca abajo, abstraído en el monótono juego que, a pocos pasos de mí, trenzaban y destrenzaban sin descanso las suaves olas de la marea baja. Y entonces, ante mis propias narices, la arena se hundió hasta adoptar la forma de una huella. Y luego otra. Y luego otra más.
Se perdieron en la orilla.
1 comentario:
Me gustó, bravo
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