21 jul 2009

Breves injusticias

Hace poco escribía en otro sitio hasta qué punto mi vida ha estado siempre pautada, y lo seguirá si no median inverosímiles cataclismos, por la lógica no de los años, sino de los cursos académicos.

Recuerdo que en sus clases de Teoría Literaria Carmen Bobes explicaba cómo en La Regenta ya se apreciaba precisamente este fenómeno temporal (en la novela los bloques significantes de tiempo vendrían dados por cursos, no por meses o años) del cual Clarín, como buen profesor, no se habría librado. Y es que, aunque todo el mundo conoce esa lógica académica, me temo que sólo somos los profesores quienes, una vez adultos, podemos darnos el lujo (por muchas pestes que nos echen) de seguir viviendo a su ritmo, sucesivamente mecidos por el insidioso amargor de septiembre, el engañoso cortocircuito navideño, el amago primaveral de la Semana Santa, o el exhausto aguijoneo característico de fines de junio (los dilatados fines de curso, que nunca parecen llegar, son una metáfora digna de estudio). Por no hablar de la promesa renovada cada viernes por la mañana, de los puentes, de las festividades locales. (No de las huelgas, como le oyó afirmar R. a una desaprensiva no hace mucho en la cola del súper: "estoy harta de los profesores -decía-, el otro día de huelga y hoy, fíjate, de vacaciones").

Por eso sólo quien lo sepa por propia experiencia (porque es del gremio), o lo recuerde bien (porque es joven, o nos envidia con mejor o peor leche), comprenderá hasta qué punto estar enfermo en plenas vacaciones de verano resulta, sencillamente, injusto.

Algo así, imagino -yo me libré-, como cumplir años en agosto y no poder llevar caramelos a clase para celebrarlo.

4 comentarios:

Marta dijo...

jajaja sí, sí, tienes razón. Cuando era estudiante y me rompía los cuernos preparando un examen, pensaba que a esas horas el puñetero profesor estaría de lo más relajado en su casa. Imaginaba qué se sentiría. Ahora lo sé y cuando la noche antes de un examen estoy tan tranquila en mi casa, pienso en todos esos alumnos que estarán acordándose en toda mi familia en esos momentos. Sólo que ser profesor no estan descansado ni tan fácil como se cree. Ninguna profesión es tan fácil como creen los que no pertenecen a ella.

Joaquín dijo...

Hum, yo creo que hay otros adultos que también están marcados por los cursos escolares: los padres :-)

De enfermo a enfermo (esto ya parece Davos): ¡mejórate! :-)

Xandru Fernández dijo...

Sí que es mala suerte, sí.
Mejórate.

Ismael Piñera Tarque dijo...

Gracias por los ánimos. La cosa va para lenta, pero veremos.