Mañana nos vamos. Así que, al menos por diez días, lo más parecido a una pantalla que tendré delante será el horizonte azul del Egeo, o las páginas impresas de los hermosos libros que llevo conmigo. Espero tomarme varios cafés frappé, no pocas cañas, despreciar para mis adentros la reconstrucción de Cnossos, escribirle a R. su poema anual de cumpleaños, recorrer carreteras desconocidas en un pequeño coche alquilado, hacer unas cuantas fotos indignas del cielo griego, sestear plácidamente en una hamaca con el rumor del mar vinoso como única banda sonora, fumarme cigarrillos en diversas terrazas, probar de nuevo el salsiki, desayunar sin prisas ni planes de por medio… ¿Estoy dando envidia? Porque yo ya me la tengo, la verdad.
* * *
Y, como en el fondo soy un hortera, no descarto repetir cosas como ésta:
Releo la Odisea a orillas de un Egeo
ni vinoso ni espantable:
se zafa al fin Ulises
del abrazo terco de Calipso
y llega, cruelmente azotado,
a las costas feacias.
Allí la ojizarca diosa inspira
a la prudente Nausícaa.
Ungido de aceites,
cubiertas ya de paño fino sus vergüenzas,
se encamina a las casas
del magnánimo Alcínoo.
Yo por mi parte voy a darme un baño
y a tomarme una Mithos*.
(julio 2007)
*Mithos: Reputada cerveza griega.
3 comentarios:
Felices vacaciones.
Saludos,
Diego
Pasáilo bien, que bien lo merecéis.
Un abrazu, amigu.
Pues mira, yo estoy releyendo ahora la Ilíada.
Buenas vacaciones.
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