5 feb 2010

Lírica de la alergia


El otro día tuve que hacerme unas pruebas alérgicas tras las cuales, una vez quedó claro que mi organismo manifestaba cierto rechazo –nada grave- a los ácaros y el moho, recibí dos hojitas con instrucciones de “control ambiental” cuya oculta poesía ha vuelto a conmoverme esta mañana, mientras les echaba un segundo vistazo. Millás ha imaginado en ocasiones una narratología del prospecto; sirvan estas líneas como avance de una lírica de la alergia.

Al principio, las instrucciones se mantienen en un aparente tono prosaico al que, no obstante, se le podría sospechar una velada intención simbólica o metafórica (“airear bien la casa”, “ventilar espacios cerrados”, “sacudir mantas y almohadas”: toda una isotopía de la búsqueda, por más que desalentada, de la pureza); a continuación, ambos textos incurren en explícitos imperativos cuya implacable violencia, intensificada por el recurso a la anáfora (“suprimir alfombras y pieles de animales”, “suprimir los edredones de plumas”, “suprimir […] las plantas verdes”: toda una cosmovisión antinaturalista, por cierto), dota al texto de un aire apocalíptico y desgarrado que roza, por momentos, la distopía (“suprimir libros”) y, por otros, la crítica a la cultura posmoderna (“suprimir pósters […] así como juguetes de peluche o lana”; “evitar papeles pintados en las paredes”). Pero lo mejor está por llegar: al término de las instrucciones “anti moho”, el oculto poeta de estos párrafos levanta el vuelo para entonar sendos versículos cuya belleza y levedad evoca, sin duda, las maneras clásicas del haiku:

“Evitar pasear por bosques después de la lluvia”

“No recoger montones de hojas muertas que estén acumuladas desde varios días antes”

Imágenes ambas de la desolación (“bosque tras la lluvia”, “montones de hojas muertas”), el fin de los afanes (“evitar”, “no recoger”) y la futilidad de los destinos humanos (algo en lo que ahondan las marcas temporales connotadas negativamente: “después de”, “desde varios días”), que penetrarán, sin duda, en la memoria del lector menos sensible, y en ella perdurarán con la rotundidad y clarividencia de las mayores y mejores verdades poéticas.

1 comentario:

Roberto Amaba dijo...

Maravilloso jajaja.

Sabiendo que vives en Almería y que apenas tienes dos o tres libros de esos para adornar durante las visitas, las recomendaciones son una clara invitación al suicidio.

Un abrazo.