
La he visto una sola vez, pero -al igual que El increíble hombre menguante o Soy leyenda, por ejemplo- me obsesiona. Como metáfora, al menos. Ahora, es excusa de un juguete de Marienbad, como lo fue en su día de otro poema menos juguetón.
Si alguien quiere descargársela, que tire por aquí.
* * *
La noche de los muertos vivientes (2004)
Es tarde; escribo esta nota mientras fuera,
en la oscuridad teñida de azul,
los monstruos reposan un momento.
Pronto entrarán, pronto
se pondrán en movimiento y, silenciosos
—es lo más terrible de estos monstruos,
su silencio—,
darán tres o cuatro pasos,
derribarán la puerta, y burlarán de un soplo
los tímidos obstáculos que he dispuesto hace un rato.
(Era inútil, lo sé, pero
cómo no dejarse llevar por la esperanza.)
Ahora es tarde ya; los monstruos empiezan a agitarse,
de la noche teñida de luto
llegan rumores
y amenazas.
Lo más terrible de estos monstruos, pienso por último,
es su retórica elegancia,
su súbita tendencia a la elipsis:
porque nadie podrá contar de esta noche
sino los presagios, las huellas
y sólo yo veré, cara a cara,
la verdadera sonrisa de los muertos vivientes.
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