Más adelante estaba la sala de estar, con una mesa redonda, un diván y unas butacas tapizadas de una brillante tela azul. Sobre el diván había una fotografía del padre Andréi con una mitra y todas sus condecoraciones. Luego venía el comedor con el aparador y a continuación el dormitorio; allí, envueltas en la penumbra, había dos camas, una al lado de la otra; parecía como si los que habían amueblado el dormitorio dieran por supuesto que todo iba a ir siempre bien.
18 may 2010
Un párrafo de Chéjov
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