Pensar que, a veces, a
los seres humanos les convendría contar con un puente levadizo que, como en los
viejos castillos de cuento, pudiera alzarse o no a capricho. Así nadie podría
entrar sin nuestro permiso, y no podría hacernos daño nadie que no hubiéramos
invitado nosotros a pasar (en cuyo caso, a última hora aún nos quedaría el
consuelo de sabernos únicos culpables).
Pero, desde luego, nadie volvería a cogernos desprevenidos.
1 comentario:
Sin olvidar también que serviría para expulsar de nuestro reino a quien quisieramos. Jandro
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