29 may 2008

El hombre-lengua


A estas alturas, mi relación de lector con la Lliteratura asturiana parece ya el argumento de un sutil cuento borgiano. Porque debo confesar que leer en asturiano significa, para mí (al menos hasta la fecha), leer exclusivamente a un solo escritor; de ahí la ecuación de tan borgiana apariencia: un solo autor que es toda una lengua, nada menos...

Me di cuenta ayer, al terminar El color del escaezu de Xurde Fernández, escrito en colaboración con Marian García. Ambos son compañeros de generación filológica, y con el primero comparto ahora centro de trabajo, después de unos años de lógica distancia post-campus (yo creo que llegamos a ser bastante amigos, de aquella; si no, no se explica el cariño mutuo -espero no equivocarme- que nos profesamos).


Cuando ayer cerré ese librito (bien poco después de abrirlo, se lee del tirón) hice un breve repaso y, salvo lógicos despistes de memoria, el saldo a mi favor como "llector" resultó más bien triste: porque, para ser exactos y sinceros, en asturiano (quitándo alguna cosa accidental de mejor olvido) no he leído más que a Xurde, primero un par de cuentos que me pasó hace un año, luego su delicioso Volver (una suerte de novela a base de relatos, diría yo), y ahora este El color..., que por lo menos está escrito en colaboración con Marian (así me salen dos autores en nómina). Vale que leí algún "clásico contemporáneo" como Xuan Bello (Su reputada Historia universal de Paniceiros), pero lo hice en traducción al castellano, como ahora me está pasando con otro compañero de trabajo, Xandru Fernández (de quien leo estos días, también en castellano, los inquietantes relatos de País cerrado).


No sé si merece mucho la pena darle vueltas a esta mi actitud hacia la llingua; ni siquiera sé si es una actitud, realmente, o más bien la constatación de una evidencia. Si aceptamos el hecho de que el asturiano es una lengua plena en todos los aspectos (el condicional es retórico, ojo, no me muerdan), entonces no creo que sea de recibo mantener la soberbia hipótesis de que un lector formado exclusivamente en lengua castellana, como es mi caso, está en plena disposición de leer, valorar y juzgar lo escrito en ella sin formación, instrucción o pericia alguna al respecto. A todos los efectos sería como si a mí se me ocurriese leer y juzgar los textos originales -en inglés, japonés y francés, respectivamente- de Banville, Murakami o Flaubert, por remitirme a mis últimas lecturas. Es evidente que desconozco unas y otras lenguas por igual, y pensar que el hecho de haber nacido asturiano me capacita especialmente para hablar asturiano es tanto como reprocharme no hablar gallego, yo que tengo abuelos de Tuy...


Del mismo modo, a veces he tenido que afrontar una curiosa doble pregunta, que a buen seguro sólo se plantea dentro de las fronteras de este nuestro "país zarráu":


P. ¿Escribes en asturiano?


R. No.


P. ¿Y por qué no?


Por supuesto, nunca he sabido qué responder a la segunda parte. Supongo que por lo mismo que no escribo en francés, no piloto aviones o no toco el violín... Porque nunca se dieron las circunstancias biográficas que lo propiciaran: mis padres no me enviaron al conservatorio ni a la Alianza Francesa, Top gun no causó demasiados estragos en mi mentalidad adolescente, nunca nadie me habló o me escribió o me invitó a leer en asturiano. Punto. Puestos a agraviar, confieso que sí he escrito a veces en inglés, especialmente letras de canciones o breves textos. Y que esto, después de años escuchando rock anglosajón, siempre me ha resultado muchísimo más natural que, pongo por caso, escribir un soneto en asturiano. Ya lo siento.


Por eso creo que, en el fondo, me gusta leer a Xurde, mi particular hombre-lengua borgiano; porque resulta una exótica excursión léxica, sintáctica, llena de sorpresas y narices arrugadas. Significa descubrir, por ejemplo, qué significa "milenta vegadas", "Atopose"... significa, nada menos, leer un libro cuyo título ni siquiera se entiende (qué es el "escaezu", a ver...).


Lástima que, en realidad, la novela de Xurde y Marian (y de eso quería hablar, pero en fin) no me gustara mucho, o más bien muy poco. Comparándola, especialmente, con Volver, que tanto y tan sinceramente me emocionó en su día. Aunque, claro, quién soy yo para juzgar y valorar y bla bla bla... (o sea que quizá sí he terminado hablando de lo que quería).



1 comentario:

Lydia dijo...

Muy interesante esto de las lenguas.El asturiano parece una lengua muy de brujas. Teneis brujas en vuestras tierras? Seguro que si...

Hoy estaba justamente pensando en las lenguas maternas. Yo, por ejemplo, tengo el catalán pero no la siento mi lengua materna y tampoco leo ni escribo en catalán. Cual es mi lengua? En que lengua sueño? No tengo ninguna raiz anglosajona y sin embargo disfruto muchisimo leyendo inglés. Y el francés es mi lengua pero sin embargo no me gusta escribir en frances. Es muy curioso... Pero al grano: el asturiano parece una lengua muy bonita.

Un saludo fuerte,