Hojeando, a saber por qué (o sí lo sé, pero me lo ahorro), los cuadernos negros del curso pasado (los que escribo preferentemente en el Alsa, a somnolientas horas pre-laborales), me he encontrado la siguiente perla flaubertiana, supongo que transcrita de inmediato nada más topármela (según mis propias indicaciones) en la página 345 de La educación sentimental:
Nos refugiamos en la mediocridad cuando desesperamos de alcanzar la belleza que habíamos soñado.
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