
No, si ya sabía yo que hay vida más que inteligente en el espacio exterior. Merece la pena anotar obviedades si, a cambio, uno recibe invitados tan dispuestos y amables. Mi sutil invitación al amigo Amaba (pues de eso se trataba, lo reconozco) ha tenido un efecto inmediato y magnífico, bibliografía incluida, que me ahorra seguir contando mentirijillas. Y la anécdota que apunta el jefe es digna, por cierto, del mejor Marlowe.
A propósito de Hitchcock, y así voy haciendo también yo los deberes, en el epistolario hay jugosas entradas relativas a su difícil relación, incluidas algunas agudas críticas al formalismo hitchcockiano nada despreciables. Cuatro perlas, por si no las conocéis:
1. Al poco de firmar el contrato para Extraños en un tren, y hablando, indirectamente, del estilo hitchcockiano, anota:
"El suspenso como cualidad absoluta nunca me pareció muy importante. En el mejor de los casos, es una excrecencia secundaria, y en el peor un intento de hacer algo con nada". (p. 170)
2. En una impagable carta dirigida al propio director (del 6-XII-1950, a propósito, por supuesto, de Extraños...), le suelta estas lindezas:
"pienso que usted puede ser la clase de director que piensa que los ángulos de la cámara, la escenografía y algunos interesantes juegos de acción compensarían cualquier inverosimilitud en la historia básica. Yo soy de los que creen que se equivoca totalmente (...). La oreja de un cerdo seguirá pareciendo la oreja de un cerdo aun cuando uno la ponga en un marco y le cuelgue en la pared y diga que es arte francés moderno. Como amigo que le desea bien, lo insto a, por una vez en su larga y distinguida carrerra... armar una historia sólida y bien tramada en el papel y a no sacrificar nada de esta solidez a un interesante juego de cámara. Habrá otro juego de cámara igual de bueno. Pero nunca hay otra motivación igual de buena" (p. 178).
3. En otra ocasión, insiste:
"en una película de Hitchcock no debe haber nada que el mismo Hitchcock no haya podido escribir. No se trata sólo de cómo usa Hitchcock la cámara y los actores; lo que importa es que en sus películas no debe haber nada que esté más allá de su alcance. Con el tiempo llegará a haber un director que comprenda que lo que se dice, y cómo se dice, es más importante que filmar cabeza abajo a través de una copa de champagne" (p. 201)
4. Su juicio final sobre la peli, así de lacónico:
"No tiene agallas ni verosimilitud ni personajes ni diálogo. Pero, por supuesto, es Hitchcock, y una película de Hitchcock siempre tiene algo" (p. 205)
*** Las citas de página se corresponden (devuelvo la cortesía, por si viniera al caso) a Raymond Chandler, El simple arte de escribir. Cartas y ensayos escogidos. Ed.por Tom Hiney y Frank MacShine. Barcelona, Emecé Editores, 2004 (original de 2000).
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