15 dic 2008

Recesión



Es la metáfora del momento, y no seré yo quien se ahorre el gusto de caer en el topicazo de usarla: sí, estoy en crisis; o, por lo menos, en recesión, que (si he entendido bien el telediario) significa un determinado periodo de tiempo (digamos dos meses para la macroeconomía mundial, digamos un par de semanas para mi microeconomía intelectual) en crecimiento negativo. Lo del crecimiento negativo vamos a dejarlo, porque es una paradoja de esas cuyos efluvios pueden acabar enredándolo a uno hasta lo imposible. Pasamos directamente a los factores.

Dieta literaria. Oigo a gente a mi alrededor hablar de sus interminables sesiones de lectura diaria, y no puedo evitar que me rechinen los dientes. Un joven escritor al que conocí el otro día afirmaba no disponer más que de dos o tres horas diarias para ello (lo lamentaba, más bien). A un querido colega laboral eso no le parece nada del otro mundo, y del par anterior (dos / tres) se queda con el segundo término. A mí, que últimamente si saco tres cuartos de hora ya me parece un triunfo, ambos me anonadan.

Tinta roja. Nada mejor para recordar la esencial y voluntaria (esto es, aceptada) mediocridad del mundo circundante que una quincena de horas, bien repartidas a lo largo del fin de semana, de corrección de exámenes. Las excepciones existen, cómo no, y alegran la pestaña con sus breves fulgores. Pero verse obligado a entender que tras la críptica caligrafía “heya” se esconde un pronombre personal femenino (como lo oyen; al menos el elemento era consecuente, y también escribe “heyos”) simplemente le deja a uno/huno echo/hecho polvo/polbo.

Disforia creativa. A continuación, nada mejor para bajar humos que, después de ponerle punto final a un laborioso original que por un momento se creyó relativamente digno, ponerse a releerlo y corregirlo, y descubrir así una densa floresta de anacolutos, repeticiones, petulancias, oscuros callejones sintácticos y dramáticos sin aparente salida que sobreviven una versión tras otra por más tinta (azul, en este caso) que se gaste en el empeño.

Fatiga acústica. Inténtese después regrabar y remezclar un puñado de canciones casi vetustas (vetustos: específico género de afanes sobre los que el tiempo, tan mayúsculo él, siempre acaba ejerciendo la fabulosa censura de la distancia crítica) con la mínima ayuda de un modesto equipaje tecnológico y la máxima interferencia de la propia ineptitud técnica (¿Algún día aprenderé a usar el p… compresor? Lo dudo).

Abulia tecnológica. Si todo lo anterior, o casi todo, pasa, para colmo, por las manos de un ordenador con las defensas bajas (no para de coger gripes, el tío) y sujeto a los esquizoides caprichos del Vista, que en buena hora, imagínense.

Afanosidad exponencial. Manténgase latente, entre tanto, una buena cantidad de proyectos en eterno estatuto de “work in progress” (me ahorro la lista), así como cierta hiperestesia generatriz (que no deja de sugerir nuevas entradas de irresistible atractivo).

Diagnosis hipocondriaca. Añádanse aún otros factores de orden puramente fisiológico y poco interés crítico: catarro viral persistente, reflujo estomacal, muela del juicio, tabaquismo galopante… amén de los paralelos procesos mentales de hipotetización abusiva y tremendista que suele conllevar alguno de ellos (me ahorro abrir la herida).

Y conclúyase, en suma, que la apatía bloguera no es sino síntoma superfluo de un severo proceso recesivo cuyo fin, que diría el gobierno, aún no asoma en el horizonte inmediato de nuestra titubeante economía. Lo dicho.



4 comentarios:

Anónimo dijo...

Yo también tengo mis momentos estos días, momentos en los que me consumen absurdos afanes morales. Habrá que esperar a que pase el temporal...

Anónimo dijo...

Ahora mismo te podría hacer compañía con la muela del juicio y con la monserga gástrica; dos grandes impertinentes.

Un abrazo, y a remontar el gráfico ese del nasdaq.

Xandru Fernández dijo...

Primero, alégrome de nun ser l'únicu que quedó con cara de probín al sentir lo de les dos o tres hores diaries de llectura (mal de munchos...).
Segundo, nun se t'olvide (por poner un puntu d'humor "bizarru", como se diz per esos mundos) que vives nel país de les "crisis positives": dalgo saldrá d'ello.
Ánimu.

Ismael Piñera Tarque dijo...

Bueno, pues -completando al jefe- consuelo de afanosos esta retahíla de lamentos colectivos y compartidos. Será que necesitamos con urgencia vacaciones, dentistas, almax y un poco de piedad para con nosotros mismos.