28 ene 2009

bartleby

Desde hacía muchos años, tras haber publicado una novela muy ensalzada por la prensa local, no había escrito nada, más por abulia que por falta de confianza. La novela, impresa en papel de mala calidad, se iba poniendo amarilla en el almacén de las librerías, pero así como en el momento de su aparición Emilio había sido considerado simplemente como una gran esperanza, ahora era tenido por una especie de personalidad literaria que ya contaba en el pequeño balance artístico de la ciudad. El juicio primero no habiá sufrido rectificación, sino que había evolucionado.
Claramente consciente de la insignificancia de su propia obra, no se envanecía de ese pasado, pero creía seguirse hallando aún, tanto en la vida como en el arte, en una etapa preparatoria, y en su fuero internose consideraba a sí mismo como una máquina genial y de gran potencia que está construyéndose, pero que aún no ha entrado en funcionamiento. Vivía siempre a la expectativa, más bien impaciente, de algo que iba a surgir en su cabeza, el arte de no sé qué que iba a llegarle de fuera, la suerte, el éxito, como si la edad de las mejores energías no hubiese sido superada aún.


Italo Svevo [1898], Senectud. Barcelona, Acantilado, 2006 (pp. 8-9). Traducción de Carmen Martín Gaite.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Leí ese libro hace tiempo y no recuerdo nada de él :-)

El fragmento que copias me ha recordado, en cambio, a esta discusión sobre los tipos de genios.