Lo bueno de estar de vacaciones son cosas como ésta: que, por muchas vueltas que de pronto -tras un rato de sufrido surfeo internáutico- le dé uno a la situación mundial de la cultura, el futuro de la creación literaria, el sentido de la crítica literaria, el nuevo elitismo de las redes sociales, la impronta visual de la mentalidad actual, y otros muchos puntos y aspectos de indudable interés para la comprensión epocal, metafísica, psicológica y antropológica del hombre contemporáneo, no apetezca, finalmente, escribir una sola línea al respecto.
El problema de fondo: que esa inapetencia, esa sensación de hastío cósmico (o de otro modo: que todo eso y mucho más –los libros que se leen o no, las películas que se desconocen, la música que se ignora, la filosofía y la teoría y la historia y la crítica que no se escudriñan…. que todo eso acabe importando, sencillamente, un rábano), se quede en casa más allá de agosto. Entonces habrá que buscarle un hueco en el armario, hacerle sitio, darle de comer.
Y, lo peor, ese cosquilleo inconfundible: la sensación de estar en lo cierto. En lo correcto.
El problema de fondo: que esa inapetencia, esa sensación de hastío cósmico (o de otro modo: que todo eso y mucho más –los libros que se leen o no, las películas que se desconocen, la música que se ignora, la filosofía y la teoría y la historia y la crítica que no se escudriñan…. que todo eso acabe importando, sencillamente, un rábano), se quede en casa más allá de agosto. Entonces habrá que buscarle un hueco en el armario, hacerle sitio, darle de comer.
Y, lo peor, ese cosquilleo inconfundible: la sensación de estar en lo cierto. En lo correcto.
3 comentarios:
es el efecto de estar al pedo no pasa nada
No pasa nada, cierto. Un reciente verso de Drexler que no me quito de la cabeza: "los días buenos son raros, y los raros muchos".
Un saludo.
http://www.laciudaddelsaber.com/
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