22 ene 2012

La lechera


La lechera se dirigía  al mercado, con una jarra recién ordeñada en la cabeza. Como es sabido, caminaba tan abstraída en sus elucubraciones (con el dinero que le dieran por la jarra –pensaba- compraría un canasto de huevos, y luego el beneficio de los pollitos le daría para un cerdo o, según otra versión, para un vestido nuevo que le abriría las puertas a un matrimonio ventajoso, etc.) que de pronto dio un traspiés y su preciosa carga se le cayó al suelo, haciéndose añicos el continente y derramándose en balde el contenido.

Cuando, con lágrimas en los ojos y maldiciendo para sus adentros, se arrodilló para recoger los pedazos de loza, un destello llamó su atención, y luego otro, y luego otro.

Y así fue como, de la noche a la mañana, abandonó su modestísima explotación agropecuaria por el título de propiedad de una fabulosa mina de oro, y, después de años defendiendo las virtudes del trabajo honrado, abrazó el capitalismo. 

1 comentario:

Verruca dijo...

cuantas veces se nos habrán caído destrozándose las ilusiones de la cabeza.

Abrazos