Cada tarde, después de entrenar pases y números varios, la capitana del equipo de animadoras del instituto se refugiaba en los sótanos del gimnasio, donde llevaba varios meses cavando una madriguera. Solía manchar de polvo y barro su esplendente uniforme azul y rojo, pero siempre le daba tiempo a lavarlo antes del partido del sábado.
29 abr 2012
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