Llueve en el jardín. Adán bosteza.
Un segundo más tarde, dos coches se abalanzan el uno sobre el otro.
Algo chapotea en el mar negro, y un escalofrío recorre el espinazo del vigía.
En lo alto refulge una estrella muerta.
Los rizos de un niño, y luego de otro, y luego de otro más, empiezan a emitir una luz verdosa.
Alguien comprende la trampa en la que vino a caer, y ríe -melancólicamente- para sus adentros.
La célula inicia su errabundo peregrinaje.
Con un chillido, la primera grieta se abre en las entrañas del claustro.
Sobre las hojas combadas, la lluvia repiquetea silenciosamente.
Adán bosteza.
Un segundo más tarde, dos coches se abalanzan el uno sobre el otro.
Algo chapotea en el mar negro, y un escalofrío recorre el espinazo del vigía.
En lo alto refulge una estrella muerta.
Los rizos de un niño, y luego de otro, y luego de otro más, empiezan a emitir una luz verdosa.
Alguien comprende la trampa en la que vino a caer, y ríe -melancólicamente- para sus adentros.
La célula inicia su errabundo peregrinaje.
Con un chillido, la primera grieta se abre en las entrañas del claustro.
Sobre las hojas combadas, la lluvia repiquetea silenciosamente.
Adán bosteza.
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