De entre todos a los que soy de natural propenso, el tecnológico es quizá el que peor llevo de los estreses digamos cotidianos o domésticos. Hoy me ha apetecido, de hecho, emular a mi querido colega el madrugador y endilgar aquí una lista de las cosas que no funcionan o no han funcionado últimamente en mi modesto universo informático. Ahora mismo, éste es el recuento (absténganse los reacios a siglas, acrónimos y anglicismos):
1. El lector de CD´s del portátil.
2. Un determinado CD en el PC (fallo que me llevó a descubrir el punto 1, cuando intenté por enésima salvar las chapuzas de Vista con mi viejo XP).
3. El receptor wi-fi del portátil (hallazgo casual, y tercero de la cadena, durante 2).
4. Toda la red inalámbrica de casa (después de haber tirado el router antiguo, haber comprado uno novísimo en el mediamarkt, haberlo instalado y haber descubierto que todo lo anterior no sirviera más que para proferir tres o cuatro malsonantes blasfemias).
5. El PC de mi padre (y a quién le va tocar arreglarlo, claro).
6. Ahora que lo pienso el punto 5 es sólo el último episodio del trimestre, que dio él solito para las siguientes peripecias:
6.1 Cuelgue general de Vista a causa de la instalación del Service Pack de… Vista (bonita autofagia), que a su vez provocó:
6.1.1 adquisición de disco duro externo para volcar los datos recuperables del fiasco 6.1 (porque ya no había sitio en el terabyte que suman los otros tres, cómo no).
6.1.2 formateo y reinstalación completa de software (léase descarga ilegal, descubrimiento de un 50% de archivos corruptos, bla bla bla).
6.2 Cuelgue general del PC de R. (al menos, aquí se rentabilizó 6.1.2):
6.2.1 formateo y reinstalación.
6.2.2 rediseño de la red doméstica, que de paso se fue al garete con el asunto.
6.3 ataque viral a mi PC (el de Vista, sí). En desglose:
6.3.1 descarga de software antispyware, antimalware, antipeorware, etc.
6.3.2 sucesivos barridos y reinicios sin éxito total a fecha de hoy.
6.4 quiebra de la multifuncional; constó de:
6.4.1 sonoras blasfemias.
6.4.2 adquisición de nueva multifuncional.
6.4.3 instalación ordenador por ordenador (son tres, por si alguien ha perdido la cuenta).
6.5 primer cuelgue del PC de mi padre (ah, no, si son cuatro los que tengo en servicio técnico). Éste salió andariego:
6.5.1 Visita al hogar paterno y trasteo inane.
6.5.2 Desconexión de todos los periféricos y traslado a tienda informática.
6.5.3 Recogida de tienda informática un mes más tarde (se olvidaron de llamar antes).
6.5.4 Traslado a hogar paterno y conexión de todos los periféricos.
6.5.5 Descubrimiento de ruiditos inesperados y de nuevo cuelgue en el arranque.
6.5.6 segunda desconexión de todos los periféricos y segundo traslado a tienda informática.
6.5.7 aprendizajes varios sobre el deslizamiento de la tarjeta de vídeo de su ranura (causa al parecer de los susodichos ruiditos y del susodicho nuevo cuelgue).
6.5.8 nuevo traslado a hogar paterno. Todo funciona. O funcionaba, más bien, hasta la semana pasada, cuando recibí una nueva llamada paterna que implicará al menos la repetición de 6.5.1, 6.5.2, 6.5.3, 6.5.4 y eso si todo va bien y no me quedo atrapado a lo Bill Murray en un bucle infinito.
* * *
Si esta es la navidad de 2008 (lo dice la tele, será verdad), entonces hace ahora diez años exactos que me compré mi primer ordenador (si exceptuamos el ZX Spectrum, que corresponde a una glaciación anterior) un venerable pentium a 500 Mhz con Windows 98 y 2 gigas de disco duro (un lápiz de memoria cutre de los de ahora, vaya). Desde entonces he tenido cuatro más, al margen de diversas máquinas de acceso laboral (un departamento universitario y tres institutos de enseñanza secundaria dan para bastante), amén de los dos de R., los dos que lleva mi hermano, y los dos que lleva mi padre (todos ellos bajo mi tutela directa o indirecta). Me he comprado, para mí solo, cinco impresoras, y habré regalado (e instalado, por tanto) no menos de cuatro (hermanos, cuñadas, etc.); también, que yo recuerde, tres grabadoras (de CD interna, de CD externa, de CD/DVD externa), cinco monitores, a saber cuántos teclados y ratones alámbricos, inalámbricos y alambricados (con su repertorio de pilas, pilas recargables, cargadores de pilas recargables), una tarjeta de TV, dos ampliaciones de RAM, dos scaners, dos previos de Audio/Midi Roland, cuatro discos duros externos, dos cámaras de fotos digitales, una videocámara digital, un teclado MIDI (y a saber cuántas regletas para enchufar todo eso a la vez…ahora tengo cinco a la vista en una sola habitación). Me he conectado a internet con módem telefónico, con módem de banda ancha, con wi-fi; guardo en el trastero maletines repletos de cables ethernet, cables USB, cables Fireware, cables PS2 (¿?), cables de alimentación y transformadores de todo tamaño y pelaje, varias cajas de zapatos con diskettes, cedeses, deuvedeses, tengo cuatro lápices de memoria, tres reproductores mp3; he grabado canciones, vídeos, videoclips, retocado y trucado fotos, he diseñado felicitaciones de cumpleaños, libros, DVDs con sus menuses y todo, invitaciones de boda, vídeos de boda, carteles de disposición de mesas de esas mismas bodas, periódicos escolares, powerpoints académicos y sentimentales, páginas web falsas, cuatro blogs, cuatro myspaces, dos fotologs, utilizado una decena de cuentas de correo electrónico, miríadas de passwords, he realizado transferencias, amortizaciones al préstamo hipotecario, comprado libros en Canadá o guitarras en Inglaterra, Gretsch incluida (así salió)… Vaya, la biografía tecnológica (me temo) de cualquier treintañero medio con un sueldo medio-alto y algo de tiempo libre. Esos mismos treintañeros que, cuando en una peli de los ochenta salía un ordenador, sentían removerse en su interior el vértigo de la fascinación ante el voluptuoso futuro fantacientífico que algún día, creían, les depararía el destino.
Pero me temo que no sabíamos lo que se nos venía encima, la verdad. Y es que, por ultradefensor de los aparatejos ("a Isma le chiflan los aparatos", dice a veces R.) que pueda parecer, juro que hay días como hoy mismo en que me apetecería encerrarme en una cueva que no tuviera un solo enchufe, pantalla o cable (“es que a Isma le encantan los cables”, dice otras) de por medio. Ni wi-fi, por supuesto. Aunque, bien pensado, seguro que no funcionaría. Si de mí dependiera, vaya.
PS. Qué cabrón. No es broma: cuando estaba terminando de editar este artículo (me quedaba un hipervínculo), el dichoso Vista detectó "Un problema con el controlador de pantalla" y, pantallazo azul mediante, se colgó de buenas a primeras, dejándome una cara de idiota digna de ver. No, si encima me estaría escuchando, el muy hijo de mala madre.
1 comentario:
Desdichas tecnológicas.
Yo demando la creación de un estatus laboral para el 'pringao' de turno que tiene que arreglar, o hacer con que arregla, las peripecias informáticas de familiares y amigos -incluso amigos de amigos, ad infinítum-. Si hubiera cobrado, a precio de técnico profesional, cada consulta telefónica, trabajo o visita ya podría prejubilarme.
Esto, junto al sueldo de las amas de casa, no encuentra sindicato con suficientes narices para su defensa.
Un abrazo.
Muy buenas las reflexiones romanas, sí señor.
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