25 jun 2011

Xandru


Ejercitemos esa manía inequívocamente humana: cojamos el tiempo, pongámosle un par de pinzas a uno y otro extremo (2006, 2011), y tachán: he ahí una etapa vital. Ahora busquemos un sustantivo con capacidad metonímica. ¿Qué tal un topónimo? Suelen ser resultones… ahí va: Luanco. Y ahora, formulemos, para terminar, el enunciado correspondiente: ¿Cómo valoraría usted este lustro que lleva ejerciendo su profesión en la localidad de Luanco?

Nadie se asuste, no van por ahí los tiros. No voy a contar toda suerte de minucias que me hayan pasado en estos cinco años: que si di las clases más felices y las más angustiadas de mi vida docente; que si me convertí en marido, luego en tío, y a punto estuve de ser padre; que si vio la luz el primer disco de mi segundo grupo, que si en su transcurso publiqué mi primera novela y me desesperé -a continuación, y sin éxito por ahora- en publicar la segunda, la tercera o la cuarta que escribí entretanto; que si estrené piso, o visité no sé cuántas islas del Mediterráneo. No, nada de eso. Al fin y al cabo yo no me voy de Luanco, al menos no por el momento, y no concluye, a primera vista, ninguna etapa vital que merezca (si alguna lo merece) recuento. Pero sí se va Xandru. Y Xandru es, desde luego, una de las mejores "cosas" que me han pasado en este lustro.

Xandru era y es, ahora saliente, profesor y jefe de estudios de ese instituto al que llegué con mi primer destino definitivo allá por 2006. Yo no lo conocía de nada: quiero decir que no lo conocía en persona pero menos aún en papel, y esa circunstancia propició una de las primeras y más sonrojantes charlas que mantuve con él, cuando, después de comentar mis dudosos méritos de entonces, él, a instancias mías, susurró (porque Xandru susurra siempre, incluso cuando habla en voz alta) que sí, que él también escribía algo. Para la definición xandriana de algo pueden hacer como sus alumnos más morbosos: visitar la Wikipedia. Y luego, si quieren, discutiremos la frustrante semántica de los pronombres indefinidos.

Xandru fuma, tanto o más que yo, y poco a poco fue convirtiéndose en ritual cotidiano que día sí y día también tropezáramos a la puerta del IES, en invierno o en primavera, bajo el sol o la lluvia, a echar unas caladas y cumplir un curioso turno de guardia. Los optimistas que han empezado hace poco a fumar en las puertas de los bares reivindican el carácter positivamente social del asunto; yo lo descubrí entonces, y hasta hoy seguí ratificándolo a diario. Fumar, con Xandru, es algo más que echar caladas a un pitillo.

Xandru tenía un blog, y yo, por mis pecados, me hice otro. Nos encontramos también ahí: cualquiera que haya fisgado estos afanes en los últimos años, lo habrá visto firmando buena parte de los comentarios que puntean mis entradas. Ahora que lo pienso, Xandru fue mi primer amigo a medias real a medias virtual, una suerte de iXandru (la broma privada es perfecta) con el que a veces prolongaba la charla de la mañana en los lances digitales de la tarde, o viceversa.

Xandru escribe (“algo”), y lo hace en asturianu. Un día me descubrí leyendo con sincero pasmo lo último que acababa de publicar, los relatos de Entierros de xente famoso. Y lo admiré por nuevos motivos. Luego a él, vaya usted a saber por qué (a veces yo creo que le da por actuar como un excéntrico sociólogo que gustara de poner a prueba sus hipótesis más rocambolescas), se le ocurrió que yo presentara en público su siguiente libro, el poemario Les vides incompletes, y yo, insensato de mí, acepté y lo hice. Recuerdo haberme presentado en aquel acto (celebrado en plena Selmana de les Lletres) pidiendo, ante todo, muchas disculpas por no ser ni poeta, ni estudioso de la Lliteratura, ni siquiera amigo del protagonista del evento, pero parece ser que aquella mañana ovetense me gané el título, como pude comprobar poco después. Luego resulta que apareció, pocas semanas más tarde, El doble blancu, y que Miguel Barrero me pidió un artículo para El Súmmun; y yo escribí sobre ambos libros “Doble Xandru”, la referencia más marciana de mi currículum de narratólogo a tiempo parcial (mi primera y creo que única contribución bibliográfica a la literatura en asturianu y/o a la poesía contemporánea, nada menos). Pero es que, con Xandru al lado, a uno le pueden pasar cosas como esta.

No tengo arte ni paciencia para detallar cuánto he aprendido o disfrutado todos estos años fumando con Xandru, posteando con Xandru, escuchándolo en los claustros o tropezándomelo en el patio. A su lado aprendí a leer cosas que, ingenuamente, creía haber leído ya; descubrí infinitos discos que algún día debería escuchar; soñé con tener en mis manos El tiempo según Xandru, un manual del correcto empleo de las 24 horas del día; a su lado viví el embarazo, parto y alumbramiento más largo, más costoso y también más feliz del que he tenido noticia; comprendí al fin el sentido exacto de un término tan escurridizo como el de intelectual; asistí en vivo y directo a un modo honrado, riguroso y comprometido de hacer política (aunque sea política educativa) y a un modo no menos honroso, riguroso y comprometido de hacer vida. Sólo sé que, al término de esta “etapa vital”, él quizá pueda decir que ha hecho un nuevo amigo (yo preferiría el cargo de presidente de un hipotético Club de fans xandrianu al que se apuntarían de inmediato, lo sé de buena tinta, no pocos alumnos suyos), pero yo debo afirmar que me he tropezado -ni más ni menos- con un maestro.

Ahora Xandru se va del instituto. Y de pronto he pensado que, al margen de despedidas claustrales o regalos colectivos, yo debía ofrecerle mi pequeño homenaje, mi pequeño detalle de despedida. Como son muy pocas las cosas que sé hacer, primero me puse a escribir, y hasta aquí he llegado. Y luego, por aquello de la justicia poética, me obligué a terminar una grabación cuya paternidad y circunstancias son tan suyas como mías, aunque él lo ignore por el momento.

Hace unos pocos meses, Xandru (sin saberlo) me ayudó una vez más en un momento especialmente delicado; me ayudó, como haría un buen amigo, a entender la confusa maraña de sentimientos que me habían provocado ciertas circunstancias biográficas que no viene al caso detallar. Y lo hizo con unos pocos versos que yo siempre había admirado y que, entonces, cobraron un brillo y un valor añadido. Como sé hacer muy pocas cosas, no se me ocurrió otra mejor que perpetrar una traducción libre de ese breve poema y, a continuación, ponerle música. Adelanto que no salí con bien del empeño, como tampoco salimos bien del empeño biológico que lo auspició. Pero se me ocurre ahora que puede ser un buen detalle de despedida ofrecérselo.

Que te preste, jefe.

PD. Ya nos veremos (brrr) en el Facebook.




* * *

Xandru Fernández, "Tasfañnat"
(Les vides incompletes, 2009)

NUN SÉ QUÉ yes. Nun tas. Nun yes tovía
un nome nun papel, pero vives. Respires
al otru llau del mundu nun mar de suaños verdes
(los míos) y repites
les primeres nociones d’un mundu priváu
nun idioma que nun soi pa pronunciar.
¿Con qué fe protexete? ¿Cómo voi invocar
a nengún poder muertu que t’abrace y te mime?
Nun tengo certidumes que mandate. Nun sé
receta dala, nenguna convicción puedo enseñate
que te sirva d’escudu, d’almuhada o de xuguete.
Yá ves que nin siquiera soi quien a date un nome.
Deprendo na to llingua la esperanza.

2 comentarios:

Larry Runner dijo...

Yo también tengo la suerte de ser amigu suyu. Enhorabuena por el blog, toy realmente emocionau.

Xandru Fernández dijo...

Sé que no necesitas ni deseas que te dé las gracias otra vez ni que reitere todo lo pienso y siento. Así que no lo haré, pero lo hago. (Lo dejo aquí: cuanto más añada, peor me explicaré.)
((Como sé que te encantan estas cosas, te diré que la palabra que Blogger me está pidiendo que verifique para enviar este comentario es, ni más ni menos, "friend".))